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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 715

—Aunque Claudia tampoco es una blanca paloma, ¡ahora se ve que fue esta familia retorcida la que la volvió así! Qué lástima da.

—¿Casarla con un viejo que es mayor que su propia madre? ¿Solo por negocios? ¡Eso es literalmente vender a tu hija!

—¿La primera heredera de Santa María? ¡Más bien la primera tragedia!

—¿Camila no tiene corazón o qué? Obligar a su hija a casarse con un viejo pervertido solo para salvar su empresa de la quiebra y rozarse con los ricos.

—¡Con razón! Los terrenos de la zona A7 y A8 eran de Gabriel. ¡Si terminaron en manos del Grupo NovaTec fue solo porque usaron a Claudia como moneda de cambio!

La multitud estaba enardecida.

Los periodistas que habían llegado corriendo al escuchar los rumores parecían tiburones oliendo sangre. Enfocaron todas las cámaras hacia Camila y Claudia, y los flashes no paraban de disparar.

Camila y Gaspar, al ver todos sus trapos sucios expuestos por su propia hija frente a todo el mundo, sintieron que los habían desnudado en la plaza pública. La vergüenza y el pánico los hicieron perder los estribos.

—¡Estás diciendo puras mentiras! ¡Te volviste loca! ¿Por qué difamas a tu madre? Te di de comer, te vestí con lo mejor, te hice mi heredera, ¿en qué te fallé? ¡Todo lo hice por tu propio bien!

Camila gritaba histérica e intentó abalanzarse sobre ella para taparle la boca, pero la policía y los paramédicos la frenaron en seco.

Gaspar también estaba que se lo llevaba el diablo, señalando a Claudia con furia.

—¡Malagradecida! ¡Eres una maldita escuincla malagradecida! Con tal de vengarte, eres capaz de inventar semejantes asquerosidades. El señor Mendoza era un hombre respetable, ¡cómo te atreves a ensuciar su nombre! ¡Seguro Melisa te lavó el cerebro y por eso estás aquí haciendo tu teatrito!

—¿Hombre respetable? —Claudia soltó una carcajada lúgubre que heló la sangre de los presentes, mirando los rostros escandalizados y asqueados a su alrededor—. ¡Eso que ustedes llaman la "alta sociedad" está podrido por dentro! ¿Quieren que vaya por los "juguetitos" que tenía en su estudio y los ponga aquí frente a todos, para que vean de qué trata esa maldita "respetabilidad"?

Sus palabras no dejaron lugar a dudas sobre los gustos enfermos de Gabriel y dejaron las defensas de sus padres por los suelos.

—¡Ya basta! —gritó un oficial veterano con voz severa. Era obvio que había visto lo peor de la humanidad, pero en ese momento él también tenía cara de asco—. ¡Llévense a los heridos al hospital! Y los demás involucrados, ¡vienen con nosotros a la comandancia para ayudar con la investigación!

Recalcó lo de "ayudar con la investigación" clavándole una mirada fulminante a Gaspar y a Camila.

Pero Claudia actuó como si no hubiera escuchado al policía. Seguía con la mirada clavada en Camila; sus ojos, que alguna vez fueron brillantes y que ahora solo albergaban desesperación, derramaban lágrimas que parecían de sangre.

—Mamá, contéstame... —Su voz se apagó, sonando frágil, a punto de romperse—. Desde niña me obligaste a tocar el piano, no por el arte, sino para subir mi precio. Me obligaste a ser la damita perfecta, no para que yo fuera feliz, sino para venderme al mejor postor. Fui como la muñeca más bonita de tu aparador, con una etiqueta de precio pegada, esperando a que me compraras con quien te dejara más ganancias.

Lo más patético del asunto es que ella misma se había tragado ese cuento, convirtiendo esas estupideces en el objetivo principal de su vida.

No fue sino hasta el borde de la muerte, cuando Melisa le tendió la mano, que entendió que todo era una reverenda porquería. ¡No valía nada! ¡Absolutamente nada!

Dio un paso hacia adelante. Camila retrocedió, aterrada por la locura que destilaban sus ojos.

—¡Nunca me preguntaste si era feliz! ¡Nunca! Solo te importaba si te dejaba en ridículo o si estaba cumpliendo tu plan para trepar más alto.

Al final, miró a Camila y a un Gaspar totalmente pálido, e hizo algo impensable para la chica educada que había sido durante más de veinte años.

Les levantó el dedo de en medio a sus padres y luego, como si le hubieran drenado toda la energía de golpe, se tambaleó y cayó de espaldas, completamente desmayada.

Orfeo la atrapó justo a tiempo. Volteó a ver a Melisa, sorprendido.

—No pensé que esto fuera a llegar tan lejos. De verdad confesó todo.

Todos los presentes estaban igual de atónitos, excepto Melisa. Ella esbozó una ligera sonrisa y respondió:

—¿De verdad creíste que salvé a la mujer que me intentó destruir tantas veces por puro buen corazón? ¿Me viste cara de santa?

La realidad era que, en ese microsegundo al borde del agujero, su cerebro había calculado todos los escenarios posibles.

Había anticipado que los perros se morderían entre ellos.

Orfeo asimiló la información y la miró, impactado.

—Melisa... estás jugando con la mente de la gente.

—A eso se le llama estrategia —respondió con una sonrisa. Era el mismo método que había usado con Dafne, la directora del Hospital de los Santos. Antes eran enemigas a muerte y ahora le comía de la mano con total lealtad, ¿o no?

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