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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 719

Claudia miró a Lorenzo sin ninguna expresión en el rostro y le soltó:

—Querido hermanito, creo que ya es hora de que aprendas a ganarte la vida con tus propias manos.

Lorenzo volteó a ver a Melisa por instinto, con una evidente súplica en los ojos.

Melisa soltó una ligera carcajada.

—Deberías hacerle caso a tu hermana. Al fin y al cabo, si decides irte en mi contra, tu destino no será simplemente ganarte la vida trabajando.

Esa sonrisa que no le llegaba a los ojos hizo que a Lorenzo se le helara la sangre.

Ya había sido testigo de lo aterradora que podía ser esa mujer, e incluso había llegado a admirarla.

De aquel espíritu rebelde y arrogante de su juventud no quedaba nada.

No se atrevió a decir ni una palabra más.

Después de eso, la investigación policial fluyó sin contratiempos.

En los separos, Camila y Gaspar estaban al borde de la desesperación.

Camila aún intentaba engañarse a sí misma.

—Claudia solo está haciendo un berrinche. En cuanto se le baje el coraje, se dará cuenta de que todos estamos en el mismo barco. Soy su madre, seguro va a cambiar su declaración.

Sin embargo, su consuelo no duró mucho.

Poco tiempo después, la pareja, acusada de múltiples delitos, junto con varios altos ejecutivos del Grupo NovaTec involucrados, fueron presentados ante el juez.

Claudia asistió como testigo protegida, acompañada por Waldo.

Toda la familia Núñez estaba presente en la sala de audiencias.

A su lado, se encontraban los familiares de las víctimas de la red de trata de personas de La Esperanza.

Cuando Camila vio que su propia hija la había traicionado por completo y, para colmo, se había aliado con Melisa, perdió la cabeza en pleno tribunal.

Quiso abalanzarse sobre ella para estrangular a la hija que había criado.

—¡Ahhh! ¡Claudia! ¡Eres una malagradecida! ¡Me partí la espalda criándote y así me pagas! ¡Te atreviste a unirte a Melisa! ¡Maldita traidora!

Los guardias tuvieron que someter a Camila contra el banquillo de los acusados.

Melisa, observando la escena con frialdad, curvó los labios en una sonrisa de satisfacción.

Gracias a la traición de Claudia, sumada a la indignación de las familias de las víctimas y la impecable estrategia del abogado Waldo, el juicio fue pan comido.

Camila perdió en todos los frentes.

Además, debido a la gravedad y el impacto mediático del caso de trata de personas, fue condenada a la pena máxima, despojada de todos sus derechos y sus bienes fueron incautados.

Gaspar, aunque no participó directamente en ese crimen en particular, sí era cómplice.

Por si fuera poco, cuando ocurrió el accidente en los terrenos A7 y A8, tuvo la oportunidad de evacuar a la gente, pero por pura terquedad decidió no hacer nada, provocando múltiples muertes.

Le dieron cadena perpetua y le confiscaron todo su patrimonio.

En cuanto al Grupo NovaTec, gracias al testamento presentado por los Núñez, se demostró que la empresa pertenecía por derecho a Melisa y no formaba parte del patrimonio personal de Gaspar.

El juez le devolvió la titularidad a ella.

Después de pasar media vida conspirando para sentirse los reyes del mundo, Gaspar y su familia lo perdieron todo, quedándose solos y repudiados por todos.

Gaspar se desplomó en su silla, como si le hubieran drenado la vida.

—¿No sabes? Los hijos de Gabriel no tienen derecho a heredar, solo yo. Pero si yo llegara a estirar la pata, ¿quiénes serían los herederos legales? Pues mis padres.

Deja de fingir, Camila —añadió Claudia—. Hemos sido madre e hija por más de veinte años. Conozco perfectamente tu alma podrida.

Doy gracias de que Melisa me haya dado la oportunidad de redimirme —Claudia rompió a reír, riendo tanto que se le salieron las lágrimas—. Con solo pagar una fianza de veinte millones de pesos quedaré libre. Y en nada de tiempo seré asquerosamente rica. ¡Jajajaja! Nadie volverá a controlar mi vida. ¡Nadie!

Así que, Camila... espero que te pudras en el infierno.

En otra sala, Melisa se encontraba frente a Gaspar.

El hombre todavía tenía el descaro de mostrase altanero.

—¡Ja! ¿Crees que con una cadena perpetua me vas a hundir? ¡Te advierto que no estaré encerrado mucho tiempo! ¡Mi esposa tampoco va a morir! ¡Te metiste con la persona equivocada! ¡Estás muerta!

Melisa, sentada cómodamente con las piernas cruzadas, tamborileó los dedos sobre un maletín de cuero oscuro que descansaba sobre la mesa.

—¿Ah, sí? ¿El señor se refiere a Iván? ¿Al comandante Cordero?

La postura altanera de Gaspar se esfumó de golpe.

Toda esa fachada de superioridad que intentaba imponer frente a la joven se vino abajo.

—¿Qué Iván?

Melisa abrió el maletín.

En su interior, perfectamente acomodadas, brillaban diversas herramientas de tortura.

Bajó la vista, escogiendo cuidadosamente una.

—Hace mucho que lo sé. Iván es un traidor a la patria. Al principio creí que ustedes habían asesinado a mis padres, pero luego me di cuenta de que no tenían los pantalones para hacerlo. Iván fue el cerebro de todo, pero ustedes fueron los cómplices que me arrebataron a mi familia.

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