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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 721

Melisa esbozó una sonrisa cargada de desprecio. —Desde niña tuve un talento nato para la medicina, pero a los Serrano jamás les importó. Me cuidaban como si fuera una mascota de adorno. Y cuando apareció Verónica Valdez, pasé a valer menos que un perro callejero. Pero yo siempre supe florecer hasta en la peor de las ruinas.

¡Crack! El golpe destrozó la espinilla izquierda de Gaspar. El hombre cayó al suelo, con el rostro bañado en sudor y lágrimas, gimiendo de un dolor tan intenso que ni siquiera podía articular palabras.

—¿De verdad vas... vas a matarme aquí? ¿Crees que te vas a salir con la tuya?

—¿Hablas de Iván? —Melisa le dio unos golpecitos ligeros en la cabeza con el martillo—. Lo que estoy haciendo ahora es mandarle un mensaje claro: tarde o temprano yo misma lo voy a liquidar. Voy a exterminar a cada uno de sus lacayos. Le voy a cortar las alas hasta que sea un inútil. Pero te aseguro que su muerte no será tan rápida y fácil como la tuya.

La sonrisa de Melisa, salpicada con unas gotas de sangre, le pareció a Gaspar la imagen misma de la muerte.

—A fin de cuentas, soy doctora. Nadie sabe desarmar un cuerpo humano mejor que yo.

Gaspar se arrastró hasta los pies de Melisa y con sus dedos destrozados intentó aferrarse a su pantalón.

—Te lo ruego... Melisa, perdóname... no me mates.

Le aterraba la idea de morir. Aún sentía que le faltaba mucho por vivir, que sus grandes ambiciones estaban a medias. No quería acabar así.

¡Pum! Melisa se puso de pie y tiró el martillo al suelo. El silencio se adueñó de la sala. Abrió la puerta. El guardia que custodiaba la entrada le echó un vistazo a ella y luego miró el cuerpo inerte de Gaspar en el suelo. Sin inmutarse, gritó hacia el pasillo:

—¡El reo sufrió un infarto! ¡Perdió el conocimiento! ¡Que venga el médico de guardia!

Cuando el doctor llegó a la escena, se hizo la vista gorda con los múltiples traumatismos que presentaba el cuerpo. Hizo un par de maniobras para aparentar y, finalmente, redactó en el acta de defunción que la causa de muerte había sido un paro cardíaco fulminante.

La noticia no tardó en llegar a oídos de Camila. Hasta ese momento, ella seguía albergando la esperanza de que Iván moviera sus influencias para librarla de la inyección letal. Al enterarse de que su marido había estirado la pata, se volvió loca frente a la cámara de seguridad de su celda.

—¡Me juraste que nos ibas a proteger! ¡Eso fue lo que me dijiste! ¡Iván! ¡Iván! ¡Eres un maldito perro malagradecido! ¡Eres un traidor a la patria!

La grabación se guardó en una memoria USB y se hicieron dos copias: una para Iván y otra para el presidente.

Cuando Claudia se enteró del escándalo, guardó silencio un rato antes de preguntarle a Melisa:

—¿De verdad te atreviste a matar a un hombre dentro de una prisión solo porque tienes a Dani y a los Núñez de tu lado? Si esto se filtra, te vas a ir presa tú también.

—No va a salir en las noticias —respondió Melisa tajante.

Claudia se le quedó mirando.

—Esto ya es una guerra de poderes a nivel nacional —explicó Melisa con calma—. Hace mucho que dejó de ser un simple pleito familiar. Si eres lista, quédate como la viuda millonaria y calladita. Es la única forma de que salgas bien librada.

Claudia asintió lentamente.

—Entendido.

La ejecución de Camila se llevó a cabo esa misma noche, horas después de las visitas. Era evidente que no se estaban siguiendo los protocolos, pero detrás de todo esto había fuerzas colosales chocando entre sí. Quien realmente le había dado luz verde a Melisa para ensuciarse las manos no fueron los Núñez, ni siquiera Dani, sino el mismísimo presidente Monteverde.

Capítulo 721 1

Capítulo 721 2

Capítulo 721 3

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