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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 789

Esa arpía había llenado de veneno la cabeza de Salvador sobre la situación de su hermano. Él no tenía por qué morir, así que Karina llevaba años soñando con el momento de verla caer.

Tras deshacerse del cuerpo, corrió hacia la puerta lateral por donde los matones de Nicanor la estarían esperando.

Al mismo tiempo, el salón principal de los Colombo había pasado de la euforia total al mismísimo infierno.

—¡¿Pistolas de juguete?!

—¡¿Qué demonios es esto?!

—¡Son puras baratijas de plástico!

—¿El Señor X nos estafó entregándonos un cargamento falso?

Gritos de sorpresa y rabia hicieron eco en el lugar. Con el rostro desfigurado por la ira, Salvador tomó una de las armas de plástico de colores brillantes y la estrelló contra el suelo, destrozándola en mil pedazos.

—¡Con la reputación que tiene, el Señor X jamás se ensuciaría las manos haciendo algo así! ¡Los Costa nos tendieron una trampa! ¡No puedo creer que Nicanor fuera tan astuto!

¡Todos habían subestimado al joven líder!

Con los ojos inyectados en sangre, Salvador escaneó el salón y se dio cuenta de que alguien faltaba.

—¡¿Dónde diablos está Karina?!

El caos se apoderó de la sala y finalmente descubrieron que la mujer de las "buenas noticias" se había esfumado.

—¡A LA OFICINA DE FINANZAS! —rugió el anciano patriarca, perdiendo los estribos por primera vez. Sus ojos inyectaban una furia asesina mientras golpeaba el suelo con su bastón dorado.

Una estampida de matones enardecidos corrió hacia el pasillo lateral, pero solo encontraron el cadáver de la otra mujer en la entrada.

Mientras tanto, Karina acababa de llegar a la puerta principal y saludó a los guardias fingiendo naturalidad.

En el instante en que cruzó la salida, los auriculares de los hombres retumbaron con el grito de Salvador:

—¡¿DÓNDE ESTÁ KARINA?! ¡ATRÁPENLA! ¡NO LA DEJEN ESCAPAR!

Los guardias palidecieron y clavaron sus ojos en ella como bestias a punto de cazar a su presa.

La fachada de Karina se derrumbó por completo. Retrocedió y dio media vuelta para huir, pero un hombre apareció de la nada para bloquearle el paso.

A lo lejos, los pasos acelerados del resto de la pandilla se acercaban por el callejón.

El pánico la invadió como un balde de agua helada en pleno pecho.

—¡Puff!

La cabeza del matón que le impedía el paso explotó, manchando la pared de rojo antes de que cayera al suelo sin emitir un solo sonido.

—¡Puff! ¡Puff!

Otros dos disparos letales le perforaron el pecho y la pierna a los refuerzos que asomaron sus armas desde la otra esquina del callejón, desplomándose en agonía.

Aquella ráfaga de fuego cruzado sembró el pánico entre los sobrevivientes, quienes se arrastraron para refugiarse detrás de la basura y los contenedores, sin atreverse a asomar ni un dedo.

—¡Sube al maldito auto! —le gritó a Karina uno de los hombres de Nicanor.

Saliendo de su estupor, la mujer corrió hacia la furgoneta y saltó adentro.

Apenas la aseguraron, las tropas de los Costa se retiraron velozmente. Al asegurarse de que nadie los perseguiría, Melisa guardó el rifle y ayudó a Dani a levantarse. Acto seguido, bajaron del techo y desaparecieron.

El violento enfrentamiento armado llamó la atención de la policía local. Sin embargo, ambos bandos lograron esfumarse a tiempo, sin dejar un solo rastro.

No solo habían perdido a la mitad de su gente, sino también armas valoradas en mil millones de dólares. Pero eso no era lo peor de la noche.

Cuando Salvador llegó a la oficina de finanzas, encontró a su padre petrificado como una estatua.

El maletín plateado estaba abierto... y completamente vacío.

Habían subestimado la sed de venganza de Karina. Desde el primer segundo se había aliado con Nicanor; todo esto no fue más que un elaborado engaño a gran escala.

Los documentos en ese archivo contenían suficiente información para que toda la familia Colombo fuera enviada al infierno. Desde el viejo líder hasta el último de los mensajeros.

Un imperio que había tardado décadas en construirse, a base de sangre, pólvora y billetes, iba a colapsar en plena luz del día. Sería devorado por sus competidores y se convertiría en un "trofeo histórico" para el gobierno de Colombia.

—Nicanor… Núñez… —masculló el anciano, cada palabra escupida como si fuera veneno.

Al fin lo había comprendido todo.

El robo de armas, las luchas internas y la supuesta enfermedad crítica del jefe eran una vil mentira. El objetivo de ese maldito desde el principio fue cortar de tajo la cabeza de los Colombo.

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