—Por poco y no salgo de esa. Gracias a Dios que apareciste, fue un éxito —dijo Karina con cierto orgullo, entregándole el libro de contabilidad a Nicanor, a la espera de que la elogiara por su trabajo.
Nicanor se limitó a revisarlo rápidamente para verificar su contenido, cerró el maletín y le hizo una señal a uno de sus hombres.
Cuatro grandes maletas rebosantes de fajos de dólares fueron colocadas en la mesa y abiertas de par en par.
Karina sacó uno de los fajos, aspiró el aroma del dinero nuevo y se inclinó sonriente con la intención de besarle la mejilla.
—Es usted muy generoso conmigo, señor.
Nicanor ladeó el rostro esquivando su contacto y la miró con absoluta frialdad.
—Toma tu pago. Alguien vendrá por ti a las nueve en punto para sacarte de Colombia.
Su sonrisa se desdibujó de golpe.
—No tengo planes de irme a ningún lado.
La mirada del hombre se volvió sombría y despiadada.
—Hicimos un trato y respeto eso. Pero te atreviste a ponerle la mano encima a quien no debías. Si aún estás viva, es solo gracias a estos archivos.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero al ver en sus ojos la misma frialdad con la que un sepulturero ve a un cadáver.
—Así que este es tu verdadero rostro...
¡Y todo lo había hecho por esa inocente flor de Monteverde!
—Ninguno de nosotros obligó a Teresa a saltar, y lo sabes muy bien —se levantó bruscamente y siseó—. Reza y agradece a todos los santos que aquello fue un montaje. De lo contrario, ya serías el almuerzo de mis perros.
Ahí estaba. Sangre fría, cero remordimientos, crueldad absoluta: el verdadero líder de los Costa.
Con los pelos de punta, Karina agarró sus maletas, dio media vuelta y huyó sin decir una sola palabra.
Con los asuntos en Colombia resueltos, Melisa se preparó para volver a casa y ejecutar la fase final del plan.
Antes de que partiera, Nicanor le preguntó:
—¿Cuándo volveré a verla? ¿Dónde se está quedando?
—No la busques, Nicanor —advirtió Melisa con firmeza.
Él frunció el ceño con dolor.
—Tengo miedo de que la esté pasando mal.
—Ahora la considero parte de mi familia. Si necesita algo, será mi prioridad brindarle todo el apoyo posible —respondió ella.
Tragándose su angustia, Nicanor asintió con resignación.
—Tengo cosas que resolver por acá antes de poder volver a casa. Si ocurre cualquier emergencia, comunícate conmigo de inmediato.

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