Entrar Via

ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 790

—Por poco y no salgo de esa. Gracias a Dios que apareciste, fue un éxito —dijo Karina con cierto orgullo, entregándole el libro de contabilidad a Nicanor, a la espera de que la elogiara por su trabajo.

Nicanor se limitó a revisarlo rápidamente para verificar su contenido, cerró el maletín y le hizo una señal a uno de sus hombres.

Cuatro grandes maletas rebosantes de fajos de dólares fueron colocadas en la mesa y abiertas de par en par.

Karina sacó uno de los fajos, aspiró el aroma del dinero nuevo y se inclinó sonriente con la intención de besarle la mejilla.

—Es usted muy generoso conmigo, señor.

Nicanor ladeó el rostro esquivando su contacto y la miró con absoluta frialdad.

—Toma tu pago. Alguien vendrá por ti a las nueve en punto para sacarte de Colombia.

Su sonrisa se desdibujó de golpe.

—No tengo planes de irme a ningún lado.

La mirada del hombre se volvió sombría y despiadada.

—Hicimos un trato y respeto eso. Pero te atreviste a ponerle la mano encima a quien no debías. Si aún estás viva, es solo gracias a estos archivos.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero al ver en sus ojos la misma frialdad con la que un sepulturero ve a un cadáver.

—Así que este es tu verdadero rostro...

¡Y todo lo había hecho por esa inocente flor de Monteverde!

—Ninguno de nosotros obligó a Teresa a saltar, y lo sabes muy bien —se levantó bruscamente y siseó—. Reza y agradece a todos los santos que aquello fue un montaje. De lo contrario, ya serías el almuerzo de mis perros.

Ahí estaba. Sangre fría, cero remordimientos, crueldad absoluta: el verdadero líder de los Costa.

Con los pelos de punta, Karina agarró sus maletas, dio media vuelta y huyó sin decir una sola palabra.

Con los asuntos en Colombia resueltos, Melisa se preparó para volver a casa y ejecutar la fase final del plan.

Antes de que partiera, Nicanor le preguntó:

—¿Cuándo volveré a verla? ¿Dónde se está quedando?

—No la busques, Nicanor —advirtió Melisa con firmeza.

Él frunció el ceño con dolor.

—Tengo miedo de que la esté pasando mal.

—Ahora la considero parte de mi familia. Si necesita algo, será mi prioridad brindarle todo el apoyo posible —respondió ella.

Tragándose su angustia, Nicanor asintió con resignación.

—Tengo cosas que resolver por acá antes de poder volver a casa. Si ocurre cualquier emergencia, comunícate conmigo de inmediato.

A pesar de la silla de ruedas, Dani lucía fuerte y enérgico, con unas facciones afiladas y una mirada que derrochaba majestuosidad. Su sorpresiva resurrección corrió como pólvora, siendo retransmitida hasta en los rincones más alejados del país.

La gente, que alguna vez lamentó su pérdida en las calles, estalló en gritos de celebración al ver que había superado una pesadilla atroz y regresaba a casa con la frente en alto.

Los medios de comunicación no tardaron en apodarlo "El Tritón Inmortal".

A su lado, Melisa irradiaba un aura tan imponente que acaparó gran parte de las cámaras. Tomándolo de la mano, no se apartó de él en ningún segundo.

Esa demostración de poder puro era la inyección de moral que su pueblo tanto anhelaba.

Los Núñez y los Soto los esperaban ansiosos en la sala principal.

La familia del traidor Salvador Soto también acudió al recibimiento. Al ver a Dani en silla de ruedas, Jéssica Morales dejó caer un par de lágrimas de cocodrilo con aire de pena.

Vasco Soto se acercó a su nieto y devolvió el saludo militar que le ofreció el joven. Se inclinó para darle un apretón en los hombros, incapaz de ocultar la tristeza en su rostro curtido.

—Has sufrido mucho, muchacho.

Tras la rápida ceremonia, Dani partió a solas con Vasco para ponerse al día, mientras Melisa tomaba rumbo a su propio hogar.

Al estar libres de la aglomeración, Melisa cruzó las puertas y fue recibida por un cálido abrazo de su padre, Leopoldo Núñez, quien suspiraba con alivio tras ver a su adorada hija.

Los más ancianos de la familia y hasta los empleados de limpieza estaban al borde de las lágrimas. La señora Del Ríos le tomó las manos, llorando a cántaros mientras decía:

—¡Mírate nada más! Has perdido muchísimo peso. Esa carita tuya ni siquiera me cabe en la palma de la mano...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA