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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 791

El hermano mayor, Mateo Núñez, todavía seguía reprendiendo a Nicanor, quien se encontraba lejos en Colombia: —Te pedí mil veces que cuidaras bien de ella; seguro te descuidaste.

Orfeo, el segundo hermano, le entregó un hermoso ramo de flores a Melisa. Acariciándole suavemente el cabello, le dijo con voz llena de ternura y preocupación: —Qué alivio que hayas regresado a salvo. Tuviste que pasar por mucho, hermanita.

Toda la familia se arremolinó alrededor de Melisa, hablando unos sobre otros. Ese ambiente cálido y rebosante de amor hizo que la sonrisa de la joven no desapareciera ni por un segundo.

Ella siempre tenía una paciencia infinita y una gran indulgencia con los suyos. Después de tranquilizar y mimar a su familia un buen rato, todos se sentaron con alegría a disfrutar de una reconfortante cena de celebración familiar que tanto anhelaban.

Orfeo, en un inusual arranque de curiosidad sobre sus planes, le preguntó: —Sé que este asunto de Dani Soto está lejos de terminar. Los Soto son un desastre en este momento. ¿Ya tienes pensado qué vas a hacer, hermanita?

Melisa asintió con serenidad. —Sí. Mañana me caso con Dani.

Las sonrisas radiantes que iluminaban los rostros de la familia se congelaron en seco.

Mateo abrió los ojos de par en par. Aquello no tenía nada que ver con lo que habían discutido en sus reuniones previas.

—¿Mañana? —soltó de inmediato—. Espera, ¿por qué tan de repente? ¿Por qué tienes que casarte?

—Se me ocurrió de pronto —respondió Melisa con naturalidad—. Con ese estatus, me será mucho más fácil intervenir y aplastar a Salvador y a su familia. —Se levantó de su asiento para traer un documento que dejó sobre la mesa—. Estas son las escrituras de la mansión de los Soto que el abuelo me entregó hace tiempo. La casa en la que viven ahora es mía.

Durante la Navidad, aquel anciano le había regalado la propiedad. Ahora, era el momento perfecto para hacer uso de ella.

Mateo adivinó sus intenciones. —¿Quieres echarlos a la calle?

Melisa sonrió levemente. —Es mi casa.

Entonces, ¿qué había de malo en hacerlo?

Todo su plan marchaba exactamente como lo había previsto.

Dani no soportaba estar en la mansión de los Soto. Apenas había pasado un día desde que se separaron, y él ya había ido a buscarla a la residencia de los Núñez.

Al bajar, Melisa lo vio sentado en el jardín, disfrutando del sol. Arqueó una ceja. —Justo iba a ir a buscarte, pero veo que te adelantaste.

Dani sonrió y levantó la mirada hacia ella. —Te extrañaba.

La luz del sol se posaba sobre las líneas marcadas de su rostro, dándole una suavidad inesperada.

Melisa se inclinó y le dio un dulce beso. —Entonces vámonos. A esta hora ya deben estar abiertos.

—¿A dónde vamos? —preguntó Dani.

Renato les abrió la puerta del auto.

Melisa negó con la cabeza y le dijo: —Dani vendrá en mi auto. Renato, regresa y trae sus documentos de identidad.

Renato parpadeó, confundido. —¿Los papeles del coronel? ¿A dónde se los llevo?

—Al Registro Civil —sentenció Melisa.

Renato abrió los ojos como platos, olvidando toda formalidad. —¡Se van a casar en secreto!

¡Aquello era demasiado repentino!

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