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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 798

Su padre siempre decía que de las grandes crisis nacen las mejores oportunidades.

¡Y ahora, el momento perfecto para espiar al grupo del Señor X había caído del cielo directo a sus manos!

La indignación en su rostro se esfumó como por arte de magia y fingió un gesto de fastidio, como si no quisiera pelear más. —Está bien, da igual.

Tomó su bolso, se levantó y le dijo a Matías: —Vámonos.

Antes de que el dueño o Matías pudieran decir algo, Luna jaló a su novio y cruzaron rápidamente por la puerta trasera de la sala, escabulléndose por el pasillo de servicio.

Mantuvo la cabeza gacha al pasar cerca del grupo. De reojo, notó las armas que sobresalían de sus cinturas; el armamento del Señor X siempre tenía un diseño inconfundible. Lo había visto antes en los reportes de su padre y no había forma de confundirlo.

—Luna, no te enojes. Conozco otro lugar muy bueno, te llevaré para que comamos tranquilos —susurró Matías mientras trastabillaba detrás de ella en un estrecho corredor lleno de artículos de limpieza.

Sin embargo, aquella no era la salida. Luna, sin que nadie lo notara, había dado la vuelta por el pasillo del personal para regresar a donde estaban antes.

Matías frunció el ceño. —¿Qué estás haciendo?

—¡Cállate! —le ordenó ella en un susurro áspero. El corazón le latía a mil por hora.

Con cuidado de no hacer ruido, se abrió paso entre las sombras y arrastró a Matías hacia un pequeño cubículo donde guardaban los productos de limpieza.

Las paredes que separaban esos cuartos del pasillo principal eran solo delgadas láminas de madera, forradas con caña de bambú. El aislamiento acústico era nulo, y hasta se podía sentir el sutil aroma del tatami.

Luna pegó la oreja a la madera helada y contuvo la respiración.

Matías también se dio cuenta de que la situación era crítica y, copiando su gesto, no se atrevió ni a respirar.

Al principio, solo escucharon ruidos de sillas moviéndose y el suave tintineo de vajilla. Entonces, alguien rompió el silencio.

—¿Trajeron lo que pedimos? —preguntó una voz profunda.

Alguien con una voz ligeramente ronca respondió: —Toda la información técnica del sistema Obsidiana, la versión más avanzada, incluyendo los algoritmos de defensa. Como se acordó, lo trajimos en formato físico, sin copias en la nube. Esta es una muestra de nuestro compromiso a largo plazo.

Inmediatamente, se escuchó el clic de un maletín metálico abriéndose y el sonido de papeles rozando la mesa.

El hombre de traje gris pareció revisar los archivos y asintió. —Perfecto. Hemos visto la disposición de las autoridades de Monteverde. Esta es nuestra muestra de lealtad.

Se escuchó cómo deslizaban un documento por la mesa.

—El Señor X garantiza que colocará a su nación en la lista de clientes preferenciales. Daremos prioridad al desarrollo y actualización de su arsenal y nos haremos cargo de cualquier fallo. Además, compartiremos el acceso a nuestra mina de uranio privada. Ustedes proporcionan el territorio, nosotros la tecnología y los recursos.

Otra voz respondió: —Estamos de acuerdo en principio, pero debemos aclarar tres puntos clave. Primero, el orden de entrega y la prioridad logística. Segundo, los alcances del intercambio tecnológico. Y tercero, y el más importante: el cronograma y la estrategia táctica para nuestro ataque directo al Grupo Aris.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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