Solo necesitaba trabajar y asegurarse de que la agenda de Orfeo estuviera perfectamente organizada. Pero el estrés no había desaparecido; simplemente estaba al acecho.
Durante los preparativos para el Certamen Internacional de Piano, Orfeo fue nombrado juez principal, y todo el peso de las relaciones públicas, la logística y las entrevistas cayó sobre los hombros de Emilia.
Fueron tres semanas sin un solo día de descanso. Dormía menos de cuatro horas, su teléfono no dejaba de sonar y todo el mundo le exigía respuestas. Además, su situación familiar había empeorado drásticamente.
La ansiedad la consumió de golpe. Al regresar a su departamento a altas horas de la noche, cayó de rodillas en el frío piso del baño. Apoyó la frente contra el retrete y comenzó a morderse el brazo hasta sangrar, utilizando el dolor para convencerse de que seguía entera.
Una de esas noches, se quedó trabajando en la oficina hasta la madrugada.
Estaba segura de que Orfeo había salido de la ciudad para un evento privado. Era la única en todo el edificio.
No pudo soportarlo más. Entró a escondidas en el despacho de él. El aroma de Orfeo la envolvía, brindándole una extraña sensación de seguridad. Puso llave a la puerta, cerró las cortinas y sacó una pequeña bolsa del fondo de uno de los cajones.
Eran sus juguetes.
Se recostó en el sofá que él usaba a diario y cerró los ojos...
Estaba tan inmersa en su desesperación que no escuchó cuando la puerta se abrió.
En el presente, mientras Orfeo se lavaba el rostro en el baño de la habitación contigua, también recordó aquel día.
Había regresado a la oficina para buscar unas partituras que olvidó. Al abrir la puerta, encontró a Emilia enroscada en el sofá, con el rostro cubierto de lágrimas.
La habitación estaba a oscuras, pero la luz del pasillo la iluminaba perfectamente.
En ese instante, algo en su estado vulnerable y caótico lo cautivó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA