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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 97

Nadie supo cómo, pero los celulares de todos los presentes —y hasta las pantallas publicitarias de toda Santa María— empezaron a reproducir al mismo tiempo el mismo video.

En la grabación, una mujer de mediana edad, con las manos temblorosas, entregaba unos estudios.

—Doctora Silva… lo de mi hijo… ¿de verdad tiene que ser medicamento importado? ¿No puede ser del otro…?

La cámara cambió al perfil impecable de Dafne. Ella la interrumpió, fastidiada:

—Si no tiene dinero, ¿para qué viene a tratarse? —arrojó los papeles sobre el escritorio—. ¿Sabe cuánto cuesta una sola dosis? Con eso come su familia un año.

La mujer se humilló, suplicando:

—Doctora Silva, por favor… ténganos tantita compasión…

Dafne golpeó el escritorio y se levantó de golpe. Sus tacones chillaron contra el piso.

—¡Si se va a poner a rogar, váyase afuera! ¡No me estorbe, hay gente esperando! —y le gritó a una enfermera—. ¡El que sigue!

Cuando los guardias la arrastraron hacia fuera, la mujer seguía llorando:

—¡Mi hijo apenas tiene dieciséis años…!

El video se cortó de golpe y pasó a otra escena.

Un interno joven, con un expediente en la mano, se plantó frente a Agustina y dijo, con dudas:

—Señora Silva… esta paciente solo tiene un quiste ovárico benigno. Con quitarlo es suficiente. No hace falta mandarla a quimio y luego operarla otra vez… el riesgo es muy alto.

Agustina le aventó el expediente a la cara.

—¿La dueña del hospital soy yo o eres tú? Si no les saco dinero a los pacientes, ¿con qué mantengo a una bola de inútiles como ustedes?

Al interno lo terminaron corriendo. En su testimonio frente a cámara, contó que le destrozaron las manos y que ya no podía sostener un bisturí. Con la voz baja, llena de odio, dijo:

¿Melisa?

Al sentir las miradas llenas de sospecha, Melisa se mantuvo tranquila. Solo alzó el celular y lo agitó un poco.

—Yo nomás los asusté. Ni siquiera llamé.

Su llamada ni se había conectado. En apariencia, no tenía nada que ver; parecía pura coincidencia. Pero el señor Soto era muy colmilludo: se quedó mirándola un momento y luego dijo:

—Se da por terminada la sesión de hoy.

Renato se acercó a Melisa y le habló en voz baja:

—Doctora Milagro, mi coronel la invita a subir por un café.

***

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