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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 198

Cuando Samyra cruzó las puertas de la sala de dirección, el murmullo cesó de inmediato.

Todos los presentes levantaron la vista hacia ella.

Los miembros del comité, los directores de los distintos departamentos, los profesores del posgrado y varios médicos permanecían reunidos alrededor de la gran mesa de conferencias.

El ambiente era tenso. Pesado.

Las miradas que antes la juzgaban ahora estaban cargadas de incertidumbre.

Al fondo de la sala, Lara permanecía sentada con la espalda recta y una ligera sonrisa dibujada en los labios.

Al verla entrar, sintió una profunda satisfacción.

«Al menos no obtendrá el Premio Laurel.»

«Si no puedo tenerlo yo, ella tampoco.»

«Eso será suficiente.»

Estaba convencida de que había ganado.

Después de aquel escándalo, nadie volvería a confiar en Samyra Hassan.

El doctor Mayer continuaba dando instrucciones al comité cuando escuchó que llamaban a la puerta.

Al levantar la vista encontró a Aníbal Duncan acompañado por Phillip, Elise, Nassira y Samyra.

Su expresión se volvió seria.

—Doctor Duncan... ¿ocurre algo?

Aníbal dio un paso al frente.

Su voz sonó firme.

—Director Mayer, le solicitamos unos minutos antes de que continúe esta reunión. Hemos encontrado nuevas pruebas relacionadas con el caso del paciente Omar Al-Sabah.

La sala quedó completamente en silencio.

Los integrantes del comité comenzaron a intercambiar miradas.

El doctor Mayer observó a Samyra durante unos segundos.

Después respiró profundamente.

—Muy bien. Tiene la palabra.

Aníbal caminó hacia la pantalla principal de la sala.

Phillip conectó una memoria USB mientras Elise preparaba el proyector.

Lara sintió un extraño nudo en el estómago. Por primera vez algo no parecía salir como ella esperaba.

Se puso de pie de golpe.

—¡Un momento!

Todos voltearon a verla.

—¿Por qué está aquí la doctora Hassan?

Su voz sonó cargada de indignación.

—Ella fue suspendida del proyecto y de todas las investigaciones relacionadas con el paciente. No tiene derecho a participar en esta reunión.

Algunos médicos asintieron tímidamente.

El director permaneció en silencio.

Antes de que Aníbal pudiera responder, Samyra dio un paso al frente.

Su voz fue tranquila. Serena. Pero firme.

—¿Por qué tanta prisa por destruirme, Lara?

La joven abrió los ojos. No esperaba aquella pregunta.

Samyra continuó sin levantar el tono.

—¿Qué ganas exactamente si mi carrera termina hoy?

Lara tragó saliva.

—Solo... solo quiero proteger el prestigio de este hospital. Y de nuestro programa de especialización.

Samyra sonrió con tristeza.

—Qué curioso. Porque quien realmente puso en peligro el prestigio de este hospital... fuiste tú.

El silencio volvió a caer sobre la sala.

Aníbal tomó la palabra.

—Señorita Lara... Entonces explíquenos esto.

La pantalla se iluminó. Comenzó a reproducirse la grabación obtenida de la cámara de Omar.

Todos observaron atentamente.

En la imagen apareció Lara entrando a la habitación del paciente con un vaso de jugo entre las manos.

Después se escuchó claramente su voz.

—Doctor Omar... la doctora Hassan le envía esto. Dice que debe beberlo.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

Lara dio un paso hacia atrás.

Su respiración empezó a acelerarse.

—Eso... Eso no demuestra nada. Solo cumplía instrucciones.

Samyra negó lentamente.

—Yo jamás te di esa instrucción. Nunca.

La joven levantó la barbilla.

—¡Mientes! Tus problemas personales con el paciente son conocidos por todos. Querías vengarte de tu exesposo. Solo intentas usarme como chivo expiatorio.

Samyra ni siquiera reaccionó.

Simplemente volvió la mirada hacia Phillip.

—Siguiente video.

Phillip hizo clic. La imagen cambió.

Ahora aparecía una cámara ubicada en el estacionamiento del hospital.

Lara sintió que el color abandonaba completamente su rostro. Era imposible. Aquel lugar... Ella estaba convencida de que no tenía vigilancia.

El video mostraba claramente cómo descendía de su automóvil.

Llevaba el mismo vaso desechable en una mano. Miraba varias veces hacia los lados. Después sacaba un pequeño frasco del bolsillo de su bata.

Toda la sala quedó completamente inmóvil. Nadie respiraba.

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