Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 197

La noche fue larga.

Samyra apenas pudo conciliar el sueño.

Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Omar conectado a los monitores, inmóvil, luchando entre la vida y la muerte. Después aparecían las acusaciones, las miradas desconfiadas de sus colegas y el miedo de perder a sus hijos antes siquiera de conocerlos.

Su mente no dejaba de dar vueltas.

Aun así, no estaba sola.

Nassira permaneció junto a ella toda la noche.

Se negó a abandonar la habitación, incluso cuando las enfermeras le ofrecieron una sala para descansar. Se acomodó en un pequeño sillón junto a la cama con una manta sobre los hombros.

—Puedes ir a descansar—le dijo Samyra en voz baja.

Nassira negó sin apartar la vista de ella.

—No pienso dejarte sola.

—Has pasado toda la noche despierta.

—Y tú has pasado cosas mucho peores.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

Nunca imaginó escuchar esas palabras de la mujer que durante tanto tiempo había sido su mayor crítica.

Las cosas habían cambiado tanto... En el pasado, Nassira parecía incapaz de soportar su presencia.

Ahora permanecía sentada a su lado, pendiente de cada uno de sus movimientos, como una verdadera hermana mayor.

Aquel cambio llenó el corazón de Samyra de una cálida sensación.

Quizá todo el sufrimiento no había sido en vano.

Poco a poco el cansancio terminó venciendo a Samyra.

Su respiración se hizo más pausada.

Finalmente logró quedarse dormida.

Nassira sonrió con alivio.

Hacía días que no la veía descansar de verdad.

Con cuidado tomó una manta y la acomodó sobre su cuerpo.

Después acarició suavemente su cabello.

—Descansa... —susurró—. Yo cuidaré de ti.

***

Cuando los primeros rayos del sol atravesaron la ventana, Samyra abrió lentamente los ojos.

Por un momento olvidó dónde estaba.

Hasta que observó el suero conectado a su brazo.

Y a Nassira, profundamente dormida sobre el sillón, con la cabeza apoyada sobre un brazo.

Samyra sonrió con ternura.

Era evidente que había permanecido despierta gran parte de la noche.

Se incorporó despacio para no despertarla.

Pero el ligero movimiento bastó para que Nassira abriera los ojos.

—¿Cómo te sientes? —preguntó inmediatamente.

Samyra sonrió.

—Mucho mejor.

En ese instante llamaron a la puerta.

La ginecóloga entró acompañada por una enfermera.

—Buenos días.

¿Cómo amanecieron esos pequeños?

Samyra acarició instintivamente su vientre.

—Mucho más tranquilos.

La especialista comenzó a revisarla cuidadosamente.

Tomó nuevamente su presión arterial. Escuchó los latidos de ambos bebés.

Palpó su abdomen.

Después revisó los resultados de los análisis realizados durante la madrugada.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Excelente.

La presión arterial volvió a la normalidad.

No has presentado nuevas contracciones y los bebés están perfectamente.

Samyra dejó escapar un profundo suspiro.

Sentía como si le quitaran un enorme peso del pecho.

—Gracias, doctora.

La especialista cerró el expediente.

—Sin embargo, eso no significa que puedas regresar inmediatamente al trabajo.

Necesitas reposo absoluto.

El estrés que sufriste fue muy fuerte.

Samyra bajó la mirada unos segundos. Después respiró profundamente.

—Doctora...

Necesito pedirle un favor.

La mujer la observó con atención.

—Escucho.

—Permítame salir unas horas.

Pero también algo más. Alivio.

Phillip fue el primero en hablar. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Lo logramos.

Samyra sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—¿Qué...?

—Omar está fuera de peligro.

Las lágrimas brotaron inmediatamente de sus ojos.

—El veneno fue eliminado completamente de su organismo —continuó Phillip—. Actuaste con tanta rapidez que evitaste daños permanentes en sus pulmones, en su hígado y en el resto de sus órganos.

Elise sonrió emocionada.

—Si alguien salvó a Omar fuiste tú, Samyra.

Nassira la abrazó con fuerza.

—Gracias... Gracias por salvarlo.

—Aún está muy débil. Necesitará varios días de recuperación. Y...

Hizo una pausa.

—El cáncer continúa exactamente igual. El veneno no aceleró la enfermedad, pero tampoco cambió su evolución. Seguiremos con el tratamiento previsto.

Más tarde

Samyra respiró profundo

—Es momento de limpiar mi nombre.

Elise, Phillip intercambiaron una mirada.

Juntos caminaron hacia la sala de juntas de la dirección médica.

Apenas cruzaron la puerta del pasillo principal, una figura apareció frente a ellos. Era Aníbal Duncan.

Llevaba una carpeta gruesa bajo el brazo y una memoria USB entre los dedos.

Su expresión era completamente seria. Pero en sus ojos brillaba la satisfacción de quien acababa de encontrar la pieza que faltaba.

—Los estaba buscando.

Todos se detuvieron. Aníbal levantó la carpeta.

—Encontré otra prueba que demuestra tu inocencia, Samyra.

Ella sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué encontraste?

Aníbal respiró profundamente antes de responder.

—Los registros del sistema de una farmacia lejos de aqui... y las grabaciones de seguridad y de un punto ciego.

Su voz se volvió firme.

—Ya sé quién manipuló el medicamento de Omar. Y cuando terminemos esta reunión... Esa persona jamás volverá a ejercer la medicina ni dañar a nadie.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe