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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 201

Al día siguiente.

Aníbal llegó al hospital antes que la mayoría del personal.

Apenas había dormido.

Durante toda la noche solo había una pregunta dando vueltas en su cabeza.

¿Y si realmente era su hija?

Entró directamente al laboratorio con el sobre donde había guardado las muestras.

Una bioquímica las recibió.

—Doctor Duncan, tendremos el resultado hoy mismo. Haremos una prueba de ADN de alta prioridad.

Aníbal asintió.

—Gracias.

Firmó la documentación correspondiente y observó cómo la especialista se llevaba las muestras.

Durante unos segundos permaneció inmóvil frente a la puerta del laboratorio.

Sentía que, junto con aquellas muestras, también había entregado una parte de su corazón.

Respiró profundamente.

Todavía no podía hacerse ilusiones.

No después de todo lo ocurrido.

"Si el resultado es negativo..."

Pensó en Elise. Pensó en todo el dolor que habían vivido.

No. No podía permitir que sufriera otra decepción.

Por eso decidió guardar silencio. Hasta tener la verdad en sus manos.

Volvió a su consultorio y continuó trabajando como cualquier otro día.

Atendió pacientes. Firmó expedientes. Participó en una cirugía.

Conversó con otros médicos.

Pero, por más que intentara concentrarse, su mente regresaba una y otra vez al laboratorio.

Miró el reloj. Faltaban horas.

Volvió a mirar. Solo habían pasado diez minutos.

Jamás un día le había parecido tan largo.

Mientras revisaba un expediente, no pudo evitar sonreír con tristeza.

"Sea cual sea el resultado..."

Pensó mientras cerraba la carpeta.

"Adara ya es mi hija."

"No necesito un examen para amarla."

"Aunque la ciencia diga que no compartimos sangre..."

"Jamás dejaré de verla como mi hija."

Aquella decisión le dio un poco de paz.

***

Mientras tanto, Samyra disfrutaba de su primer día de descanso después de meses dedicados por completo al hospital.

El departamento estaba inusualmente silencioso.

Había preparado un té y hojeaba un libro sobre maternidad cuando escuchó el timbre.

Se levantó lentamente. Su enorme vientre hacía que cada movimiento fuera más pesado.

Al abrir la puerta, abrió también los ojos con sorpresa.

—¿Nassira?

La joven sonrió con cierta timidez. Llevaba varias bolsas en las manos.

—Vine a cuidar de mi cuñada.

Samyra no pudo evitar sonreír.

—No hacía falta.

—Sí hacía falta.

Entró al departamento sin esperar invitación.

—Mi hermano me mataría si supiera que estás sola en este estado.

Samyra soltó una pequeña risa.

Aún le resultaba extraño ver aquella versión de Nassira.

Meses atrás jamás habría imaginado una escena así.

La antigua Nassira había desaparecido. Frente a ella estaba una mujer mucho más humilde. Mucho más cálida.

—Pensaba ir a visitar a Omar más tarde —comentó Samyra.

Nassira dejó las bolsas sobre la mesa.

—No será necesario hoy.

Hablé con el doctor Phillip antes de venir. Si todo continúa igual de bien, en pocos días le darán el alta.

Seguirá con su tratamiento, pero podrá descansar en casa.

Los ojos de Samyra se iluminaron.

—¿De verdad?

Nassira asintió.

—Su recuperación está sorprendiendo a todos.

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