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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 209

—¿Puedo pensarlo?

Los tres médicos asintieron con comprensión.

—Por supuesto —respondió Aníbal con serenidad—. Una decisión como esta no debe tomarse con prisa. Hablen, piénsenlo, hagan todas las preguntas que necesiten. Nosotros estaremos aquí para acompañarlos.

Lewis agregó con una expresión seria:

—No existe una decisión correcta o incorrecta, Omar. Solo la que tú consideres mejor para tu vida y tu familia.

Phillip inclinó ligeramente la cabeza.

—Lo importante es que, cuando respondas, lo hagas convencido de que elegiste el camino que realmente deseas recorrer.

Omar guardó silencio.

Apretó la mano de Samyra y ambos abandonaron la sala.

***

El trayecto de regreso al departamento fue inusualmente silencioso.

Ni la radio sonaba.

Ninguno encontraba las palabras adecuadas.

El ruido de la ciudad parecía lejano, como si ambos estuvieran encerrados en una burbuja donde solo existían ellos y aquella decisión que podía cambiarlo todo.

Al llegar, Nassira los recibió con una sonrisa mientras sostenía a Fahriye en brazos.

Murad dormía plácidamente en la cuna.

—Llegaron justo a tiempo. Hace un momento comieron los dos.

Samyra sonrió con gratitud.

—Gracias por cuidarlos.

Nassira notó que ambos estaban demasiado callados, pero prefirió no hacer preguntas.

Les entregó a los bebés y salió discretamente de la habitación.

El departamento quedó envuelto en una paz absoluta.

Solo se escuchaban los pequeños sonidos que hacían los mellizos.

Murad abrió lentamente los ojos cuando Omar lo tomó entre sus brazos.

El pequeño estiró su diminuta mano hasta aferrarse a uno de sus dedos.

Omar sintió que el corazón se detenía.

Observó aquel rostro tan pequeño.

Tan inocente.

Tan perfecto.

Después levantó la mirada hacia Fahriye, que descansaba en brazos de Samyra mientras buscaba alimento con impaciencia.

Aquella escena era todo lo que siempre había soñado.

Una familia.

Su familia.

Y precisamente por eso el miedo comenzó a crecer dentro de él.

¿Qué pasaría si el tratamiento salía mal?

¿Qué ocurriría si nunca volvía a abrazarlos?

¿Qué pasaría si Murad y Fahriye crecían conociendo a su padre solo por fotografías?

Sintió un nudo en la garganta.

Samyra también lo observaba en silencio.

Ella conocía esa expresión.

Sabía que Omar estaba librando una batalla consigo mismo.

Terminó de alimentar a Fahriye y la acomodó sobre su hombro para ayudarla a sacar el aire.

Entonces, sin poder contenerse más, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

Intentó limpiarlas rápidamente.

No quería llorar.

Había prometido ser fuerte.

Pero era imposible.

Todo el miedo que había contenido desde el embarazo terminó por desbordarse.

Omar dejó con cuidado a Murad en la cuna y caminó hasta ella.

La abrazó con delicadeza.

—Shhh... Estoy aquí.

Samyra rompió en un llanto silencioso.

Se aferró a su camisa como si temiera que desapareciera.

—Tengo miedo... Mucho miedo.

Él apoyó la barbilla sobre su cabeza.

—Yo también.

Aquella confesión sorprendió a Samyra.

Se apartó apenas unos centímetros para mirarlo.

Los ojos de Omar también estaban húmedos.

—Claro que tengo miedo. No quiero morir. No quiero dejarte sola. No quiero perderme el primer paso de Murad. Ni escuchar la primera palabra de Fahriye. Quiero enseñarles a caminar. Quiero llevarlos a la escuela. Quiero verlos crecer. Quiero envejecer contigo.

La voz comenzó a quebrársele.

—Por primera vez en mi vida tengo tanto que perder...

Samyra acarició lentamente su rostro.

—Entonces no decidas todavía. Por favor. No tienes que responder hoy. Piensa con calma. Analicemos todas las opciones. Quizá aparezca otro tratamiento. Quizá...

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