Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 212

—¡Omar! —tronó el abuelo, golpeando el suelo con su bastón—. ¡Lo que estás haciendo no es actuar como un verdadero hombre! Si tu hermana se casa con un hombre que no es musulmán, ¿sabes cuánto va a sufrir? ¿Sabes las consecuencias que tendrá una decisión así?

El salón quedó envuelto en un silencio tenso.

Todos esperaban la reacción de Omar.

Él respiró profundamente.

Tiempo atrás habría bajado la cabeza y aceptado el regaño sin discutir.

Pero aquel Omar había desaparecido.

La vida le había arrebatado demasiado para seguir viviendo bajo el miedo.

Levantó la mirada y habló con serenidad.

—Abuelo... basta.

Aquellas dos palabras sorprendieron a todos.

No había desafío en su voz.

Solo una calma firme que nacía del arrepentimiento y de la experiencia.

—No puedes asegurar que Nassira va a sufrir únicamente porque el hombre que ama no comparte nuestra religión.

El anciano frunció el ceño.

—¿Acaso ahora vas a enseñarme tú sobre la vida?

Omar negó lentamente.

—No.

Hizo una breve pausa.

—Solo quiero hablarte desde mis propios errores.

El salón quedó completamente en silencio.

—Yo fui quien hizo sufrir a Samyra.

Miró hacia ella. Sus ojos se llenaron de culpa.

—Fui yo quien dejó que el orgullo destruyera nuestro matrimonio. Fui yo quien tomó decisiones equivocadas creyendo que hacía lo correcto.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Dime una cosa, abuelo...

Volvió a mirarlo.

—¿Qué tuvo que ver nuestra religión con eso?

El anciano permaneció inmóvil.

Omar continuó.

—Nada.

Sacudió la cabeza lentamente.

—No fue el islam el que lastimó a Samyra.

—Fui yo. No fue Alá quien rompió nuestro hogar. Fue mi orgullo. No fue nuestra fe la que hizo que perdiera a mi esposa, y consiguiera el divorcio, fui yo, solo yo.

Su voz se volvió apenas un susurro.

—Fueron mis decisiones.

Los ojos del abuelo vacilaron por un instante.

Omar respiró profundamente.

—Amo a Alá con todo mi corazón.

Llevó una mano a su pecho.

—Y precisamente porque lo amo, aprendí que nadie puede obligar a otra persona a amar, ni a vivir con miedo.

Miró a Nassira.

—No permitiré que mi hermana repita mis errores.

Nassira sintió que las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.

Había esperado tantos años escuchar a alguien defenderla. Nunca imaginó que sería su hermano.

Respiró profundamente.

Era el momento de dejar de esconderse, así que habló.

—Ya sufrí demasiado intentando ser la nieta perfecta.

Todos la miraron.

—Oculté mi infertilidad durante años.

Su voz tembló.

—Tenía miedo. Miedo de que ustedes me vieran como una mujer incompleta.

Las lágrimas comenzaron a caer libremente.

—Miedo de decepcionarlos. Miedo de convertirme en una vergüenza para la familia.

La abuela sintió que el corazón se le oprimía.

Jamás imaginó que su nieta hubiera cargado sola con semejante dolor.

Nassira levantó la cabeza.

—Pero ya no más.

Su voz sonó más firme que nunca.

—Toda mi vida intenté cumplir las expectativas de los demás.

Miró a sus abuelos con los ojos llenos de lágrimas.

—Ahora quiero vivir la vida que Alá preparó para mí, no la que otros eligieron.

Hizo una pausa.

—Quiero a un hombre que me respeta. Que nunca intentó cambiar mi fe. Jamás me obligó a renunciar a quien soy.

Sonrió entre lágrimas.

—Quiero a un hombre que me ame tal como soy. Eso es algo que nunca pensé que encontraría, y sé que el hombre que quiero ahora es así. No voy a volver a aceptar menos de lo que quiero.

El abuelo cerró los ojos unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, su expresión era dura.

—Entonces escucha bien.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe