—Hermano... por favor. Nosotros no hemos hecho nada malo...
La voz de Nassira sonó insegura mientras entrelazaba los dedos con los de Phillip bajo la mesa.
Omar la observó durante unos segundos. Después sonrió con tranquilidad.
—¿Y quién ha dicho lo contrario?
Phillip levantó la vista, sorprendido.
No esperaba aquella respuesta.
Omar extendió lentamente la mano por encima de la mesa.
—Doctor Phillip.
Phillip la estrechó con firmeza.
—Ya conozco al excelente médico que eres. Ahora espero conocer al hombre que pretende convertirse en mi cuñado.
Una sonrisa sincera apareció en el rostro del joven.
—No voy a decepcionarlo. Lo prometo. Mi intención nunca ha sido otra que hacer feliz a Nassira.
Omar sostuvo su mirada unos segundos.
No encontró arrogancia. Ni mentira. Solo determinación.
Finalmente asintió.
—Eso esperaba escuchar.
Samyra sonrió al ver la escena. Desde hacía mucho tiempo no veía a Nassira tan tranquila. La joven tenía los ojos brillantes.
No solo por la felicidad.
También porque, por primera vez desde que comenzó aquella relación, sentía que el hombre más importante de su vida acababa de darle su bendición.
El ambiente se relajó por completo cuando comenzaron a servir los platillos.
Durante algunos minutos hablaron de cosas sencillas.
El hospital. Los bebés. Las anécdotas de Phillip durante la universidad. Incluso Omar llegó a reír en un par de ocasiones.
Hacía mucho que aquella familia no compartía una comida tan tranquila.
Cuando terminaron el plato principal, Omar dejó lentamente los cubiertos sobre la mesa.
Su expresión volvió a ponerse seria.
Miró directamente a Phillip.
—Hay algo que necesito decirte.
Phillip enderezó la espalda.
—Lo escucho.
—Nassira y yo perdimos a nuestros padres cuando éramos muy pequeños. Nuestros abuelos hicieron todo lo posible por criarnos. Sacrificaron su vida por nosotros. Y ahora... Mi hermana está dispuesta a enfrentarse a ellos por ti. No es una decisión sencilla. Está desafiando muchas tradiciones. Muchas personas. Incluso parte de su propia familia. Por favor... Nunca tomes su amor a la ligera.
Phillip volvió la mirada hacia Nassira.
La joven bajó discretamente los ojos. Había lágrimas contenidas.
Entonces él tomó su mano. La sostuvo con delicadeza. Como si quisiera protegerla de todo.
—Lo sé. Y precisamente por eso nunca voy a jugar con sus sentimientos.
Después respiró profundamente antes de continuar.
—Quiero decirles algo que aún no había tenido el valor de expresar.
Todos guardaron silencio.
—He decidido estudiar el islam.
Nassira levantó la cabeza de inmediato. Sus ojos se llenaron de sorpresa.

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