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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 214

Esa noche, Nassira regresó al departamento con una sonrisa que hacía mucho tiempo no iluminaba su rostro.

Entró despacio para no despertar a los bebés.

Omar, que se encontraba acomodando unos documentos sobre la mesa del comedor, levantó la vista al escuchar la puerta.

En cuanto vio la expresión de su hermana, sonrió.

Hacía años que no la veía tan feliz.

—¿Cómo te fue? —preguntó con curiosidad.

Nassira bajó la mirada unos segundos. Sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado.

Después reunió valor.

—Hermano...

Omar arqueó una ceja.

—¿Sí?

Ella jugueteó con sus dedos, como hacía siempre que estaba nerviosa.

—¿Podría presentarte a alguien... alguien que quiero mucho?

Por un instante, Omar guardó silencio.

Entonces recordó la conversación con sus abuelos.

Recordó las lágrimas de Nassira.

Recordó cómo había prometido que nunca volvería a decidir por ella.

Una sonrisa cálida apareció en su rostro.

Se acercó y acarició con cariño la cabeza de su hermana.

—Claro que sí.

Nassira levantó la mirada, sorprendida.

—¿De verdad?

—Claro.

Sonrió con ternura.

—Si ese hombre consiguió hacer sonreír otra vez a mi hermana, estaré feliz de conocerlo.

Los ojos de Nassira comenzaron a humedecerse.

No dijo nada.

Simplemente abrazó a Omar con fuerza.

—Gracias...

Él le devolvió el abrazo.

—Solo quiero verte feliz.

Nassira asintió repetidas veces.

—Mañana organizaré una comida.

Quiero que tú y Samyra lo conozcan.

—Ahí estaremos.

La joven sonrió una vez más antes de dirigirse a su habitación.

Aquella noche durmió con el corazón más ligero que nunca.

**

Cuando todo quedó en silencio, Omar entró en la habitación.

La luz tenue de la lámpara iluminaba el dormitorio.

Las dos cunas descansaban junto a la cama.

Sus pequeños bebés dormían profundamente.

Omar se acercó despacio.

Durante unos segundos permaneció observándolos.

Todavía le parecía un milagro que estuvieran allí.

Extendió una mano y acarició con delicadeza la diminuta mejilla de uno de los bebés.

Inclinó la cabeza y besó con ternura la frente de cada uno.

—Perdónenme...

Susurró tan bajo que solo él pudo escucharlo.

—Papá hizo sufrir una vez a mami, pero jamás volverá a hacerlo, los amo.

Detrás de él, unos brazos rodearon suavemente su cintura.

Samyra apoyó la cabeza sobre su espalda.

—Ellos lo saben.

Omar cerró los ojos.

Giró lentamente para quedar frente a ella.

Durante unos segundos ninguno habló.

Simplemente se miraron.

Había demasiadas cosas que ya no necesitaban decirse con palabras.

Samyra levantó una mano y acarició su rostro.

—Te admiro muchísimo.

Omar sonrió con humildad.

Negó despacio.

—No soy un hombre admirable.

Tomó su mano y la besó.

—La admirable eres tú.

Sus ojos brillaban con sinceridad.

—Eres una doctora extraordinaria.

Una madre maravillosa. La mujer más fuerte que he conocido.

Y aun después de todo el daño que te hice... encontraste la fuerza para perdonarme.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

—Hace unos meses pensé que nunca volvería a dormir a tu lado.

Su voz apenas era un susurro.

—Creí que nuestro amor había terminado para siempre.

Omar apoyó su frente contra la de ella.

—Yo también lo pensé.

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