Cuando el procedimiento terminó, Omar fue trasladado cuidadosamente a una habitación de aislamiento y observación intensiva.
Los monitores comenzaron a registrar cada uno de sus signos vitales.
Frecuencia cardíaca. Presión arterial. Oxigenación. Temperatura corporal.
Todo sería vigilado durante las siguientes veinticuatro horas.
Samyra permaneció a su lado desde el primer instante.
Se sentó junto a la cama y tomó su mano con ambas manos, como si temiera que, al soltarla, él pudiera desaparecer.
Omar abrió lentamente los ojos.
Aunque estaba agotado, todavía encontró fuerzas para dedicarle una pequeña sonrisa.
—¿Por qué tienes esa cara? —preguntó con voz débil.
Ella intentó sonreír.
—Porque tengo derecho a preocuparme.
Él acarició suavemente sus dedos.
—Me siento bien, amor. No tengas miedo. Todo va a salir bien.
Samyra asintió, aunque por dentro estaba lejos de sentirse tranquila.
Conocía demasiado bien aquella terapia.
Sabía que las primeras horas eran las más críticas.
El medicamento debía comenzar a modificar el comportamiento de millones de células.
Y el organismo podía reaccionar de maneras impredecibles.
***
Las primeras dos horas transcurrieron con aparente normalidad.
Omar incluso logró dormir un poco.
Pero, poco antes del anochecer... La alarma de uno de los monitores sonó.
Elise levantó inmediatamente la vista.
—Temperatura: treinta y ocho punto siete.
Samyra sintió un nudo en el estómago.
"Comenzó..."
Los siguientes treinta minutos parecieron eternos.
Treinta y nueve grados. Treinta y nueve punto cuatro. Treinta y nueve punto ocho.
La fiebre seguía aumentando. El cuerpo de Omar comenzó a temblar violentamente.
El sudor empapó su ropa. Su respiración se volvió irregular.
El monitor cardíaco aceleró su ritmo.
Samyra sintió que el corazón se le detenía, la mujer en ella quería abrazarlo. La médica le repetía que debía mantener la calma.
Apretó con fuerza la barandilla de la cama para no perder el control.
"Es parte del protocolo..."
"Es normal..."
"Lo sabíamos..."
Intentó convencerse.
Pero verla en un artículo científico era muy diferente a observar al hombre que amaba consumirse por la fiebre.
Phillip entró rápidamente junto con Elise.
Revisó los resultados. Observó los monitores.
Después volvió a mirar a Omar.
Aunque intentó mantener la serenidad, Samyra notó algo que casi nadie habría percibido.
Phillip también estaba nervioso.
Era apenas un leve movimiento de su mandíbula.
Una respiración demasiado profunda. Un segundo de silencio antes de hablar.
—Todo esto... estaba previsto.
Su voz sonó firme. Pero no completamente segura.
—No podemos administrar antipiréticos todavía. Necesitamos permitir que el proceso biológico continúe. Si intervenimos demasiado pronto... Podríamos detener la reprogramación celular.
Samyra cerró los ojos un instante. Lo sabía. Ella misma había ayudado a escribir aquel protocolo.
Pero eso no hacía menos doloroso cumplirlo.
Las enfermeras colocaron compresas frías sobre la frente y el cuello de Omar.
El aire acondicionado fue ajustado. Los líquidos intravenosos aumentaron. Solo podían ayudar a su cuerpo a soportar el proceso.
Nada más.
***
Poco después comenzaron los delirios.
Omar abrió apenas los ojos. Pero ya no estaba allí.
Miraba algún lugar perdido en el tiempo.
—Samyra... No... No te vayas...
Ella acercó inmediatamente su rostro.
—Aquí estoy. No voy a irme. Nunca.
Él parecía no escucharla.
—Nuestros hijos... Protégelos... No... No amo a Nayla... Jamás la amé... Solo... Solo te amo a ti...
Samyra sintió que las lágrimas llenaban sus ojos. Aquellas palabras no buscaban justificar nada.
No intentaban convencerla. Omar ni siquiera era consciente de que ella estaba allí.
Era su corazón hablando sin barreras.
Instantes después volvió a agitarse. Su respiración se aceleró.

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