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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 218

Samyra permaneció en silencio durante varios segundos.

La pregunta de Omar seguía suspendida entre ellos.

No era una pregunta cualquiera.

Había algo más profundo detrás de sus palabras.

Omar necesitaba saber si, después de todo el daño que había causado, todavía existía un lugar para él en el corazón de la mujer que una vez destruyó.

Samyra levantó lentamente una mano y acarició su rostro.

Sintió la piel de su esposo bajo sus dedos.

Ese hombre frente a ella ya no era el mismo hombre que la había herido.

Seguía siendo Omar.

Seguía siendo el hombre que había cometido errores.

Pero también era el hombre que había sufrido, que había reconocido sus fallas y que había luchado por recuperar lo que perdió.

—Yo te perdoné hace mucho tiempo —susurró.

Los ojos de Omar se humedecieron.

Samyra continuó.

—El día que decidí irme, pensé que alejándome de ti lograría dejar atrás todo el dolor. Y lo hice. Pero no porque te olvidara, sino porque entendí que no podía vivir atrapada en el rencor.

Ella sonrió con tristeza.

—No quería que lo que me hiciste se convirtiera en la persona que yo era.

Una lágrima cayó por su mejilla.

Omar la limpió con cuidado.

Sus manos temblaban.

—Samyra...

Ella tomó su mano y la llevó contra su rostro.

—Perdonarte no significa que olvidé lo que pasó. No significa que no dolió. No significa que todo desapareció como si nada hubiera ocurrido.

Sus ojos se encontraron.

—Significa que elegí sanar.

Que elegí quedarme con el amor que sentía y no con el dolor que me causaste.

Omar bajó la mirada. Su voz salió quebrada.

—Me perdoné a mí mismo...

Hizo una pausa.

—Pero necesitaba escucharlo de ti. Necesitaba saber que la mujer que más amo en este mundo ya no me veía como el hombre que la destruyó.

Samyra sintió que su corazón se apretaba.

Se acercó más a él.

—Te perdono, Omar.

Esta vez las lágrimas de él cayeron sin poder contenerlas.

—Te perdono porque no puedo odiar al hombre que amo. Porque a pesar de todo... Mi corazón todavía eligió amarte.

Omar cerró los ojos.

Por primera vez en mucho tiempo sintió que podía respirar.

Como si una carga que llevaba sobre los hombros finalmente hubiera desaparecido.

La abrazó con fuerza. No como un hombre que quería poseerla. Sino como alguien que temía perderla.

—Te amo tanto, Samyra...

Ella apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Lo sé.

Él besó su cabello. Después sus labios. Su frente. Sus mejillas llenas de lágrimas.

—No porque me salvaste la vida. No solamente porque eres la madre de mis hijos. Te amo porque eres tú. Porque eres mi hogar. Mi paz. Mi luz cuando todo parece oscuro.

Samyra cerró los ojos entre sus brazos.

Durante mucho tiempo había esperado escuchar esas palabras.

No porque necesitara que él la eligiera.

Sino porque necesitaba saber que finalmente él entendía su valor.

Esa noche durmieron abrazados.

Por primera vez en mucho tiempo, no hubo miedo.

No hubo culpa.

No hubo fantasmas del pasado. Solo ellos.

Mientras sus bebés dormían en la habitación cercana, protegidos por el amor de sus padres.

***

A la mañana siguiente...

Omar despertó lentamente.

Giró la cabeza. La cama estaba vacía.

Frunció ligeramente el ceño.

No por preocupación. Sino porque ya extrañaba tenerla cerca.

Se levantó con cuidado.

Aunque todavía estaba débil, sentía algo diferente.

Su cuerpo parecía cansado. Pero su corazón estaba ligero.

Caminó hasta la habitación de los bebés.

Y entonces se detuvo en la puerta.

La escena frente a él hizo que sonriera.

Samyra estaba sentada en el sillón, alimentando a Murad.

El pequeño estaba tranquilo en sus brazos.

Su cabello estaba ligeramente despeinado y llevaba una expresión de completa ternura.

En la cuna, Fahriye dormía profundamente.

Tan tranquila. Tan pequeña. Omar sintió un nudo en la garganta.

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