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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 224

Por la noche.

Después de la celebración, Elise y Aníbal se despidieron de todos.

La pequeña Adara se quedó con Samyra y Omar durante el fin de semana.

—No se preocupen por ella —dijo Samyra con una sonrisa mientras cargaba a la niña—. Disfruten estos días. Adara estará muy consentida.

Elise besó la frente de su hija.

—Mamá volverá muy pronto, mi amor.

La pequeña sonrió inocentemente y extendió los brazos hacia Samyra.

Aníbal tomó la mano de su esposa.

—Es hora de comenzar nuestra propia aventura.

Ella sonrió y entrelazó sus dedos con los de él.

Por primera vez en muchos años, el futuro dejaba de darle miedo.

***

Unas horas después, ambos abordaron un elegante yate que navegaría en el lago Constanza y además, pasarían toda la noche en el lujoso camarote.

El cielo comenzaba a oscurecerse lentamente.

El horizonte se teñía de tonos dorados, naranjas y violáceos mientras el sol desaparecía sobre el mar.

La brisa acariciaba suavemente el rostro de Elise, moviendo algunos mechones de su cabello.

Ella respiró profundamente.

—Es hermoso...

Aníbal no miraba el paisaje.

La observaba a ella.

—Sí...

Respondió con una sonrisa.

—Lo es.

Elise giró la cabeza y descubrió que él nunca había apartado los ojos de ella.

No pudo evitar reír.

—¿Qué?

—Estoy intentando convencerme de que todo esto es real.

Ella arqueó una ceja.

—¿Qué cosa?

Él acarició lentamente su mejilla.

—Que por fin eres mi esposa.

Los ojos de Elise comenzaron a humedecerse.

Habían esperado demasiado para vivir aquel momento.

Habían sobrevivido a pérdidas, mentiras, lágrimas y noches enteras creyendo que jamás serían felices.

Y, sin embargo... Ahí estaban. Juntos.

***

Cuando cayó la noche, una mesa elegantemente decorada los esperaba sobre la cubierta.

La luz de unas pequeñas velas iluminaba la cena.

El sonido del lago era el único acompañante.

Brindaron con una copa de vino.

Aníbal levantó la suya.

—Por los nuevos comienzos.

Elise chocó suavemente su copa con la de él.

—Y porque esta vez la felicidad se quede para siempre.

Ambos bebieron.

Después permanecieron unos minutos contemplando las estrellas.

El cielo parecía infinito.

Elise apoyó la cabeza sobre el hombro de Aníbal.

—Nunca imaginé que volvería a sentir tanta paz.

Él besó delicadamente su cabello.

—Y yo nunca imaginé que la vida me regalaría una segunda oportunidad para amarte.

***

Más tarde, Aníbal la tomó suavemente de la mano.

—Ven.

Ella lo siguió hasta el camarote.

Al entrar, él la levantó entre sus brazos con facilidad.

Elise soltó una pequeña risa.

—¿Qué haces?

—Cumpliendo una tradición.

Ella rodeó su cuello con los brazos.

—Entonces espero que no me sueltes nunca.

Él sonrió.

—Jamás.

La dejó con delicadeza sobre la cama.

Durante unos segundos simplemente se miraron.

No existían las prisas. No existía el mundo.

Solo ellos.

Aníbal se acercó lentamente.

Tomó el rostro de Elise entre sus manos.

—Te amo.

Su voz apenas fue un susurro.

—Gracias por convertirte en mi esposa.

Los ojos de Elise brillaron.

—No...

Negó con una sonrisa llena de ternura.

—Gracias a ti por no dejar de creer en mí cuando ni siquiera yo podía hacerlo.

Acortó la distancia entre ambos.

Sus labios se encontraron en un beso lento.

Dulce. Lleno de ternura.

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