Una semana después.
La vida parecía finalmente comenzar a devolverles un poco de todo lo que les había arrebatado.
En Dubái, la familia se preparaba para una nueva celebración.
La boda de Nassira y Phillip estaba cada vez más cerca.
Los abuelos habían regresado especialmente para acompañarlos en ese día tan importante, emocionados por ver a otra generación comenzar una nueva etapa.
Pero antes de la boda, Nassira y Phillip tenían una cita que significaba mucho más que una simple consulta médica.
Era la cita que podía cambiar su futuro.
***
La clínica en Zurich era elegante y tranquila.
Nassira permanecía sentada junto a Phillip, sosteniendo su mano con fuerza.
Aunque intentaba mostrarse tranquila, él podía sentir su nerviosismo.
Habían pasado por mucho.
Demasiadas veces en las que habían tenido que aceptar que sus sueños podían ser imposibles.
La doctora revisó los últimos estudios y finalmente sonrió.
—Tengo buenas noticias.
Nassira contuvo la respiración.
Phillip apretó suavemente su mano.
—¿Qué significa eso, doctora?
La mujer dejó los documentos sobre el escritorio.
—Significa que eres una buena candidata para un trasplante de útero.
Los ojos de Nassira se llenaron de lágrimas.
Durante unos segundos no pudo hablar.
Había imaginado muchas veces escuchar una noticia así, pero una parte de ella había dejado de creer que fuera posible.
—¿De verdad?
La doctora asintió.
—No será un proceso sencillo. Requiere preparación, cuidados y mucha paciencia. No quiero crear falsas expectativas: es un camino largo.
Hizo una pausa.
—Pero existe una posibilidad.
Phillip miró a Nassira.
La emoción en sus ojos era imposible de ocultar.
La doctora continuó:
—Hay una especialista en este procedimiento en Dubái. Si deciden irse ahí, podrán realizarlo aquí. Yo estaré pendiente de todo el proceso.
Nassira llevó una mano a su boca.
Una pequeña sonrisa apareció entre sus lágrimas.
Durante mucho tiempo había sentido que su cuerpo le había fallado. Pero ahora comprendía algo importante.
Su historia todavía no había terminado.
Cuando salieron de la clínica, Phillip tomó su mano.
Caminaron unos pasos en silencio.
Después él se detuvo y la miró.
—Amor...
Nassira levantó la vista.
—Vamos a luchar.
Sus ojos brillaban con determinación.
—No importa cuánto tiempo tome. No vamos a rendirnos.
Acarició su rostro con ternura.
—Vamos a tener nuestro hijo.
Nassira no pudo contenerse.
Lo abrazó con fuerza.
—Gracias por quedarte conmigo.
Phillip cerró los ojos mientras la rodeaba con sus brazos.
—Desde que te conocí, no hubo ninguna posibilidad en la que yo no estuviera contigo.
***
Mientras tanto, en otro lugar, una de las etapas más importantes de la vida de Samyra estaba a punto de comenzar.
El posgrado había llegado a su final.
Pero no era solamente una graduación.
Era la prueba de que todos los sacrificios habían valido la pena.
Todos habían aprobado.
Pero además de los resultados académicos, habían logrado algo mucho más grande.
Su investigación había dejado una huella.
Habían demostrado que la ciencia podía avanzar cuando existían personas dispuestas a luchar por ella.
Samyra recibió la noticia con una enorme sonrisa.
Había imaginado ese día muchas veces.
Pero nunca imaginó todo lo que tendría que atravesar para llegar hasta ahí.
***
Esa noche, al regresar a casa, Samyra hizo sus oraciones.
Después permaneció unos minutos en silencio.
Pensó en su padre.
En su ausencia. En todo lo que él se había perdido.
Él nunca pudo verla graduarse. Nunca pudo escuchar sobre sus logros. Nunca pudo decirle cuánto estaba orgulloso de ella.
Una lágrima recorrió su mejilla.
Pero esta vez no era una lágrima de dolor.
Era una lágrima de amor.
Porque, aunque él ya no estaba físicamente a su lado, Samyra sabía que una parte de él vivía en ella.
En su fuerza. En su perseverancia. En esa mujer que nunca dejó de luchar.
—Lo logré, papá —susurró mirando al cielo—. Ojalá puedas verme.
Sonrió suavemente. Y por primera vez, el recuerdo no dolió.
Solo trajo paz.
***
Finalmente llegó el día de la graduación.
El lugar estaba lleno de familiares, profesores y estudiantes emocionados.
Samyra llevaba un hermoso vestido azul celeste.

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