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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 231

El majestuoso salón de eventos parecía envuelto en un aire de ensueño.

En el centro de la pista de baile, Samyra reía como hacía muchos años no lo hacía.

Vestida de blanco, irradiaba una felicidad imposible de ocultar.

Su vestido se movía con elegancia al ritmo de la música mientras bailaba junto a sus amigas. Por primera vez en muchísimo tiempo no existían el miedo, las lágrimas ni el dolor.

Solo existía aquel instante.

Solo existía la certeza de haber recuperado su vida.

Mientras giraba entre las personas que más quería, su mirada se detuvo en dos mujeres que acababan de llegar al salón.

La jequesa Alya. Y la abogada Fadia.

Durante unos segundos el tiempo pareció detenerse.

Ellas no eran simplemente dos invitadas más.

Eran dos de las personas que habían permanecido a su lado cuando todo su mundo se había derrumbado.

Cuando creyó que jamás volvería a ser feliz.

Cuando el divorcio parecía imposible.

Cuando el miedo le impedía imaginar un futuro distinto.

Sintiendo un nudo en la garganta, Samyra caminó hacia ellas con rapidez.

No hicieron falta saludos ni formalidades.

Las tres se abrazaron con fuerza.

Fue un abrazo largo, sincero y lleno de emociones contenidas.

Ninguna quiso ser la primera en soltarse.

Era el abrazo de mujeres que habían sobrevivido juntas a una tormenta.

Cuando finalmente se separaron, Samyra tenía los ojos completamente brillantes.

Las observó una por una.

Su sonrisa seguía ahí, pero ahora estaba acompañada por una emoción que apenas podía contener.

—Supongo que... deben estar un poco decepcionadas de mí... —dijo con una pequeña sonrisa nerviosa—. Después de todo lo que luchamos por mi divorcio... terminé casándome otra vez.

Fadia soltó una suave carcajada antes de negar con la cabeza.

—¿Decepcionadas?

Tomó ambas manos de Samyra entre las suyas.

—Jamás.

Su voz transmitía la misma firmeza con la que tantas veces la había defendido en los tribunales.

—Escúchame bien. Yo no luché para que te divorciaras. Luché para que fueras libre. Libre de decidir. Libre de quedarte. Libre de marcharte. Libre de volver a enamorarte. Y también libre de no hacerlo si así lo hubieras querido.

Hizo una breve pausa mientras sonreía con orgullo.

—Mi trabajo consiste en defender el derecho de las mujeres a elegir su propio destino. Si hoy vuelves a casarte es porque nadie te obligó. Lo haces porque así lo decidió tu corazón.

Eso significa que todo valió la pena.

Los ojos de Samyra comenzaron a llenarse de lágrimas.

Fadia continuó hablando.

—Durante mucho tiempo pensaste que el amor era sacrificio. Que amar significaba soportar. Callar. Perdonarlo todo. Hoy estás demostrando que aprendiste la lección más importante. El verdadero amor jamás debe costarte tu libertad.

Alya colocó una mano sobre el hombro de Samyra y sonrió con dulzura.

—Estoy orgullosa de la mujer en la que te has convertido. Ya no eres aquella joven que dudaba de sí misma. Hoy caminas con la cabeza en alto. Y eso nadie volverá a arrebatártelo.

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