Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 234

El Cairo los recibió con un cielo completamente despejado y un sol dorado que parecía iluminar siglos de historia.

Desde el primer día, Nassira y Phillip quedaron maravillados por la magia de Egipto.

Recorrieron el imponente Museo Egipcio, donde contemplaron de cerca las joyas de antiguos faraones, momias perfectamente conservadas y tesoros que parecían desafiar el paso del tiempo.

Caminaron tomados de la mano por las bulliciosas calles del bazar Khan el-Khalili, riendo mientras los comerciantes intentaban convencerlos de comprar perfumes, especias y artesanías hechas a mano.

También navegaron por el río Nilo al atardecer.

Sentados en la cubierta de un elegante barco, disfrutaron de una cena iluminada por cientos de pequeñas luces que se reflejaban sobre el agua. Phillip no dejó de admirar la sonrisa de Nassira mientras la brisa movía suavemente su cabello.

—No puedo creer que seas mi esposa —dijo con una sonrisa llena de ternura.

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

—Y yo todavía siento que estoy viviendo un sueño.

Al día siguiente visitaron las majestuosas pirámides de Guiza.

Nassira levantó la vista hacia aquellas enormes construcciones que habían sobrevivido miles de años.

—Es increíble pensar que el amor también puede desafiar al tiempo —murmuró.

Phillip rodeó suavemente su cintura.

—Si depende de mí, el nuestro lo hará.

Ella sonrió y apoyó la cabeza sobre su hombro.

Cada rincón de Egipto parecía regalarles un recuerdo inolvidable.

***

Dos días antes de regresar a Dubái decidieron vivir una experiencia completamente distinta.

Viajaron hasta el famoso Desierto Blanco.

Al caer la noche, el paisaje se transformó en un escenario casi irreal.

Las inmensas formaciones de roca blanca parecían esculturas esculpidas por la luna, mientras millones de estrellas cubrían el cielo con un brillo imposible de contemplar en la ciudad.

El silencio era absoluto.

Solo el crepitar de una pequeña fogata rompía la calma.

Sentados sobre una manta extendida sobre la arena, permanecían tomados de la mano, disfrutando de aquel momento que parecía detenido en el tiempo.

Phillip levantó la vista hacia la luna.

—¿Sabes que existe una antigua leyenda oriental?

Nassira volvió el rostro hacia él.

—¿Cuál?

—Dicen que en la luna vive un anciano muy sabio.

Ella sonrió con curiosidad.

—Nunca había escuchado esa historia.

Phillip acarició lentamente los dedos de su esposa antes de continuar.

—Ese anciano une con un hilo rojo invisible a las personas destinadas a encontrarse. No importa cuánto tiempo pase, cuántos países las separen o cuántos obstáculos aparezcan. El hilo puede enredarse, estirarse e incluso parecer a punto de romperse... pero jamás se rompe.

Nassira permaneció unos segundos en silencio.

Miró sus manos entrelazadas.

Luego levantó la vista hacia el inmenso cielo estrellado.

—Entonces... nosotros también estamos unidos por ese hilo rojo.

Phillip sonrió.

—Estoy completamente seguro.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Tal vez por eso la vida siempre nos encontró de nuevo, incluso cuando nosotros mismos creíamos que todo había terminado.

Phillip tomó suavemente su mentón.

—No encontré solamente al amor de mi vida.

Encontré a mi hogar.

Los ojos de Nassira comenzaron a humedecerse.

—Y yo encontré al hombre que me enseñó que todavía podía volver a creer.

Él respondió con un beso lento y lleno de ternura, mientras el fuego iluminaba sus rostros y el cielo parecía bendecir aquel instante.

***

Un mes después...

La residencia Al-Sabah estaba llena de vida.

Las risas infantiles resonaban por todos los pasillos mientras Samyra y Omar disfrutaban de cada pequeño momento junto a sus hijos.

Los abuelos, completamente enamorados de sus nietos, competían cariñosamente por cargarlos, consentirlos y hacerlos reír.

Aquella mañana, Samyra observaba divertida a los pequeños jugar dentro del corralito.

Murad sostenía uno de sus juguetes con expresión muy seria.

En cambio, la pequeña Fahriye parecía tener otros planes.

Con una traviesa sonrisa se acercó gateando hasta su hermano y, sin previo aviso, le dio un pequeño mordisco en el brazo.

—¡Ay!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe