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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 235

La noticia dejó a toda la familia en silencio.

Nassira permanecía de pie frente a ellos con las manos entrelazadas sobre el regazo.

Aunque intentaba aparentar serenidad, por dentro estaba aterrada.

Sabía perfectamente que la cirugía a la que estaba a punto de someterse no era una intervención cualquiera. Era una operación extremadamente compleja, una que podía cambiar su vida para siempre... o arrebatársela.

Su abuela fue la primera en romper el silencio.

—Nassira... ¿estás completamente segura de esto?

La joven levantó la vista y encontró aquellos ojos llenos de preocupación que tantas veces la habían protegido desde niña.

Sonrió con dulzura.

—Sí, abuela.

Su voz tembló apenas un poco.

—Es mi sueño. Llevo demasiado tiempo soñando con este momento como para dar marcha atrás ahora. Quiero intentarlo. Aunque tenga miedo, no quiero vivir preguntándome qué habría pasado si hubiera renunciado.

Su abuela sintió que el corazón se le encogía.

Se acercó a ella y acarició su rostro con inmenso cariño.

—Solo quiero que regreses con nosotros.

Nassira apoyó una mano sobre la de ella.

—Voy a regresar.

Después buscó a Phillip con la mirada.

Él permanecía inmóvil, intentando ocultar la angustia que le consumía el pecho.

Ella le sonrió.

Una sonrisa pequeña, pero llena de esperanza.

—Y cuando despierte... seguiremos persiguiendo nuestro sueño.

Phillip caminó hasta ella y tomó ambas manos entre las suyas.

—Lo haremos juntos.

Nassira asintió.

—Siempre juntos.

Los abuelos no pudieron contener más las lágrimas.

Nadie quería despedirse como si fuera la última vez, pero todos sabían que aquella cirugía implicaba un riesgo enorme.

Finalmente decidieron partir.

El trayecto hasta el hospital transcurrió en absoluto silencio.

Cada uno iba perdido en sus propios pensamientos.

Nadie encontraba palabras capaces de aliviar el miedo.

***

Al llegar al hospital, el equipo médico ya los estaba esperando.

La doctora encargada del procedimiento los recibió con una expresión tranquila y profesional.

—Todo está preparado.

Los condujo hasta una sala privada donde comenzó a explicar nuevamente el procedimiento.

—Los embriones obtenidos mediante fecundación in vitro fueron criopreservados hace meses y permanecen en perfectas condiciones. El siguiente paso es realizar el trasplante de útero. Si la cirugía resulta exitosa y el órgano responde favorablemente durante los próximos meses, entonces podremos iniciar el tratamiento para lograr el embarazo.

Nassira escuchaba cada palabra con atención.

Aquello ya se lo habían explicado antes.

Sin embargo, volver a escucharlo hacía que todo pareciera mucho más real.

La doctora continuó.

—La operación durará aproximadamente entre diez y doce horas. Participarán varios equipos quirúrgicos y cada etapa debe realizarse con extrema precisión. Sabemos que es una cirugía larga, pero estamos preparados.

Phillip apretó la mano de Nassira.

Ella sintió el calor de sus dedos y respiró profundamente.

Era ahora. Ya no había marcha atrás.

Una enfermera se acercó para colocarle la pulsera de identificación.

Después comenzaron a trasladarla hacia el área quirúrgica.

Antes de cruzar las puertas automáticas, Nassira pidió detenerse.

Miró a toda su familia.

A sus abuelos. A Omar. A Samyra. Y finalmente a Phillip.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

Phillip se acercó de inmediato.

Tomó su rostro entre las manos.

—No llores.

Ella soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—No estoy llorando porque tenga miedo.

—¿Entonces?

—Estoy llorando porque quiero vivir todo esto contigo.

Phillip apoyó su frente contra la de ella.

—Vas a vivirlo. Lo prometo. No permitiré que sea de otra manera.

Ella negó suavemente.

—Prométeme algo tú.

Él frunció el ceño.

—Lo que quieras.

—Si las cosas salen mal...

Phillip la interrumpió antes de que terminara.

—No.

—Phillip...

—No pienso escuchar esa clase de promesas.

Ella sonrió con ternura.

—Eres tan terco...

—Aprendí de la mejor.

Los dos rieron suavemente.

Apenas unos segundos. Pero fueron suficientes para aliviar un poco la tensión.

Phillip llevó una de las manos de Nassira hasta su pecho.

—¿Lo sientes?

Ella asintió. Su corazón latía con fuerza.

—Late por ti. Y algún día...

Sonrió emocionado.

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