Un año después
Nassira no podía dejar de mover las manos.
Las entrelazaba. Las soltaba.
Volvía a apretarlas con fuerza sobre su regazo.
Habían pasado dos semanas desde la transferencia del embrión.
Catorce días que le parecieron una eternidad. Catorce días cuidando cada movimiento, siguiendo al pie de la letra todas las indicaciones médicas y rezando cada noche para que aquel pequeño embrión hubiera encontrado un hogar dentro de su cuerpo.
Phillip permanecía sentado a su lado en la sala de consulta.
Él también estaba nervioso.
Intentaba aparentar tranquilidad por ella, pero el constante movimiento de su pierna delataba la ansiedad que llevaba por dentro.
Nassira giró lentamente la cabeza y sonrió.
—Estoy asustada.
Phillip tomó su mano inmediatamente.
La llevó hasta sus labios y depositó un beso lleno de ternura sobre sus nudillos.
—Yo también.
Ella soltó una pequeña risa.
—No ayudas mucho.
—Prefiero ser sincero.
Le acarició la mejilla.
—Pero pase lo que pase, ya ganamos.
Nassira frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo que ya ganamos?
Phillip sonrió.
—Hace tiempo dijeron que era imposible. Hoy estamos esperando saber si nuestro bebé decidió quedars. Eso ya es un milagro.
Los ojos de Nassira comenzaron a humedecerse.
Apretó con fuerza la mano de su esposo.
En ese instante la puerta del consultorio se abrió.
La doctora entró sosteniendo una carpeta.
Su expresión era completamente serena.
Aquello hizo que el corazón de Nassira comenzara a latir con más fuerza.
¿Era una buena señal?
¿O intentaba encontrar la manera más delicada de darles una mala noticia?
La doctora tomó asiento frente a ellos.
Abrió lentamente el expediente. Revisó nuevamente los resultados.
Después levantó la vista. Sonrió. Una sonrisa amplia. Sincera.
Llena de satisfacción.
—Nassira...
Ella dejó de respirar.
—Quiero felicitarte.
Phillip sintió que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho.
La doctora giró el monitor hacia ellos.
Señaló uno de los resultados.
—La hormona beta-hCG ha aumentado exactamente como esperábamos.
Eso significa una sola cosa.
Hizo una pequeña pausa.
—Estás embarazada.
El mundo pareció detenerse.
Nassira abrió los ojos con incredulidad.
Durante unos segundos fue incapaz de reaccionar.
Había esperado escuchar esas palabras durante tantos años...
Que ahora le costaba creer que fueran reales.
—¿Es... verdad?
La voz le salió completamente quebrada.
La doctora sonrió.
—Es completamente cierto.
La fecundación in vitro fue un éxito. El embrión implantó correctamente.
Vas a ser mamá.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Nassira.
Se cubrió la boca con ambas manos mientras intentaba contener el llanto.
No pudo. Todo el dolor de los últimos años salió de golpe.
Phillip tampoco consiguió contenerse.
La abrazó con todas sus fuerzas.
Ambos rompieron a llorar en medio del consultorio.
No había palabras suficientes para describir aquel momento.
Solo existía la inmensa felicidad de saber que el milagro por el que habían luchado durante tanto tiempo finalmente había llegado.
Después de varios minutos, la doctora esperó pacientemente a que recuperaran un poco la calma.

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