Fahriye levantó lentamente la mirada.
Sus ojos aún estaban enrojecidos por las lágrimas, pero en ellos ya no había desesperación, sino un profundo cansancio. Había sufrido demasiado en un solo día. Las mentiras de Adnan, el escándalo frente a toda la corte, un compromiso inesperado y, finalmente, descubrir que durante dos años había vivido engañada.
Observó a Zayn durante unos segundos.
Quiso decir muchas cosas.
Pero ninguna palabra logró salir de sus labios.
Zayn comprendió aquel silencio.
No insistió.
Se limitó a dedicarle una pequeña sonrisa, una de esas sonrisas serenas que siempre habían logrado transmitir tranquilidad.
—No necesitas responderme ahora.
Su voz fue suave.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Solo quiero que recuerdes una cosa.
La miró directamente a los ojos.
—No volverás a estar sola.
Fahriye sintió un nudo en la garganta.
—Estaré a tu lado mientras tú me permitas hacerlo.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Pero esta vez no era un silencio incómodo.
Era el silencio de dos personas que acababan de descubrir que sus vidas habían sido manipuladas por otros.
Después de unos instantes regresaron al interior del palacio.
Las dos familias continuaron conversando durante varias horas.
Los asesores comenzaron inmediatamente a preparar el contrato matrimonial.
Los abogados revisaron la nueva mahr, los representantes de ambas casas discutieron los protocolos y el Emir Rashid ordenó que la ceremonia se celebrara cuanto antes.
Finalmente, antes de despedirse, ambas familias acordaron la fecha.
La boda tendría lugar exactamente una semana después.
Era un plazo inusualmente corto para una ceremonia real.
Sin embargo, ninguno se atrevió a objetarlo.
Todos comprendían el motivo.
Cada día que pasaba permitía que los rumores crecieran.
Y cada rumor era una nueva herida sobre el honor de Fahriye.
Lo mejor era actuar de inmediato.
El gran hotel donde se celebraría la recepción ya comenzó a ser preparado esa misma tarde.
Diseñadores, organizadores y miembros del protocolo real recibieron órdenes urgentes. Todo debía estar listo.
No solo sería una boda.
Sería un mensaje.
La futura esposa del jeque heredero contaba con el respaldo absoluto de la Casa Al-Qasimi.
***
Mientras tanto, el ambiente dentro del Palacio Al-Qasimi era completamente distinto.
Las enormes puertas se cerraron tras la llegada de la familia.
Nadie hablaba.
El silencio pesaba tanto que parecía llenar cada rincón del lugar.
Los sirvientes caminaban con la cabeza baja, evitando incluso levantar la vista.
Sabían que cualquier palabra fuera de lugar podía desencadenar una nueva tormenta.
Fue Hamdan quien rompió el silencio.
Se apresuró a seguir al Emir Rashid por el gran corredor.
—Padre...
El anciano no respondió.
Continuó caminando, apoyándose en su bastón.
—No puedes mantener encerrado a Adnan indefinidamente.
El Emir se detuvo lentamente.
Giró apenas el rostro.
—¿Por qué no?
Hamdan tragó saliva.
—Porque sigue siendo un jeque.
La respuesta del Emir cayó como una sentencia.
—Ya no lo será.
Hamdan sintió que el rostro perdía el color.
—¿Qué... qué acabas de decir?
El anciano lo miró con una frialdad que jamás había mostrado hacia un miembro de su propia familia.
—Le retiraré todos sus títulos.
Cada palabra era un golpe.
—Será expulsado de la línea de sucesión.
—Perderá sus privilegios.
—Y dejará de representar a esta familia.
Hamdan abrió los ojos con horror.
—¡Padre!
Pero el Emir aún no había terminado.
—A partir de hoy...
Golpeó el suelo con el bastón.
—El único heredero será Zayn.
El silencio fue absoluto.

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