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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 254

Alya observaba a Hamdan como si el hombre que tenía delante fuera un completo desconocido.

Su voz salió apenas en un susurro.

—¿Cómo... cómo pudiste hacer algo así?

Hamdan evitó mirarla.

Por primera vez en muchos años, el poderoso jeque parecía incapaz de sostener la mirada de su propia esposa.

Respiró profundamente.

—Tú no lo entiendes.

Hamdan levantó la voz, intentando justificarse.

—¡Adnan sufrió toda su vida por no tener una madre! Creció sintiéndose abandonado, vacío... Mientras tú, Zayn, siempre lo tuviste todo. Tuviste una madre que te amó, un hogar completo... Él necesitaba más oportunidades.

Zayn permaneció inmóvil.

Sus palabras le dolían, al ver que su padre estaba equivocado y no comprendía su dolor.

Luego habló con una calma que resultaba mucho más dolorosa que cualquier grito.

—¿Y yo?

Hamdan frunció el ceño.

—¿Qué hay de mí, padre?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

—¿Alguna vez te detuviste a pensar qué sentía yo? ¿Alguna vez me preguntaste si amaba a Fahriye?

Hamdan abrió la boca, pero ninguna respuesta llegó.

Zayn continuó.

—¿Alguna vez imaginaste cuánto sufrí creyendo que ella había elegido a Adnan?

Respiró con dificultad.

—No...

Negó lentamente con la cabeza.

—Jamás te importó.

El silencio volvió a llenar el salón.

—Porque todo tu amor ya estaba repartido.

Miró fijamente a su padre.

—Una parte era para tu esposa.

—Y todo lo demás... para Adnan. Para mí nunca quedó nada.

Aquellas palabras atravesaron el corazón de Alya.

Ella conocía el carácter reservado de su hijo, pero jamás imaginó que hubiera cargado semejante dolor durante tantos años.

Zayn sonrió con tristeza.

—Ahora lo entiendo todo.

Bajó la mirada unos segundos.

—Siempre me pregunté por qué, hiciera lo que hiciera, nunca era suficiente para ti.

Levantó nuevamente los ojos.

—Hoy por fin encontré la respuesta.

Respiró profundamente.

—Nunca supiste quererme.

La última frase cayó como una sentencia.

Hamdan sintió un fuerte nudo en el pecho.

—¡No digas tonterías!

Su voz sonó desesperada.

—¡Eres mi hijo!

—¿De verdad?

Zayn dio un paso al frente.

—Entonces dime una sola ocasión en la que me elegiste a mí.

Su padre no dijo nada. Zayn sonrió con amargura.

—Yo tampoco, la recuerdo.

Respiró lentamente.

—A veces...

Su voz se quebró por primera vez.

—A veces deseé no haber nacido.

Alya llevó una mano a la boca.

Sentía que el corazón se le rompía.

—Porque pensé que quizá así habrías sido feliz amando solo a tu Adnaan.

Las palabras apenas abandonaron sus labios cuando un fuerte sonido rompió el silencio.

¡Paf!

La bofetada resonó por todo el salón.

La cabeza de Zayn giró hacia un lado por el impacto.

Un fino hilo de sangre descendió lentamente desde la comisura de su boca.

Sin embargo... Ni siquiera miró con odio a su padre.

Simplemente volvió el rostro lentamente.

Sus ojos estaban llenos de una tristeza infinita.

Aquella expresión hizo que Hamdan sintiera un escalofrío.

—Zayn...

Su voz tembló.

Pero no respondió. Se limpió la sangre con el dorso de la mano.

Luego dio media vuelta.

—¡Hijo!

Alya corrió tras él.

Quería abrazarlo.

Pero Hamdan la sujetó del brazo.

—Alya... espera.

Ella se volvió lentamente.

Lo miró.

Y por primera vez desde que se habían casado, no vio al hombre del que se había enamorado.

Solo vio al responsable del sufrimiento de su hijo.

Sin previo aviso levantó la mano.

¡Paf!

La bofetada fue tan fuerte que Hamdan quedó completamente inmóvil.

—¿Cómo pude creer que eras digno de mi amor?

Hamdan la observó horrorizado.

—Alya...

Ella negó lentamente.

—No.

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