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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 256

Zayn salió del majlis con el documento matrimonial aún fresco en su memoria.

Cada paso que daba por los largos pasillos del palacio hacía que su corazón latiera con más fuerza.

Durante años había imaginado aquel instante en incontables ocasiones. Había soñado con el día en que podría llamarla esposa, pero también había aprendido a resignarse a que ese sueño jamás se haría realidad.

La había visto comprometida con Adnan.

Había soportado en silencio la idea de verla casarse con su propio hermano.

Había enterrado su amor en lo más profundo de su corazón para no hacerla sufrir.

Y, sin embargo, el destino había escrito una historia completamente distinta.

Ahora Fahriye era su esposa.

Todavía le costaba creerlo.

Respiró hondo antes de empujar la puerta de la habitación donde la esperaban las mujeres de ambas familias.

En cuanto cruzó el umbral, todas las conversaciones cesaron.

Las damas de la realeza lo observaron con sonrisas discretas mientras él avanzaba con el porte elegante que siempre lo había caracterizado.

Como dictaban las buenas costumbres, Zayn inclinó respetuosamente la cabeza ante las mujeres mayores.

Tomó primero la mano de su madre y besó con delicadeza el dorso de sus dedos.

—Que Alá te bendiga, hijo mío —susurró la jequesa Alya, incapaz de contener las lágrimas de felicidad.

Después saludó con el mismo respeto a Samyra y a las demás mujeres de la familia Al-Sabah, recibiendo de todas ellas palabras de bendición.

Solo entonces dirigió la mirada hacia el centro de la habitación.

Allí estaba ella.

Sentada sobre un elegante diván cubierto con seda color marfil.

El largo velo bordado en hilos de oro ocultaba parcialmente su rostro.

Durante unos segundos, Zayn permaneció inmóvil.

El tiempo pareció detenerse.

Pensó en aquel jardín donde habían jugado siendo niños.

Pensó en las tardes en que la veía reír sin imaginar que un día terminaría enamorándose de ella.

Pensó en el compromiso roto.

En las noches de desvelo.

En verla caminar del brazo de Adnan mientras él fingía que todo estaba bien.

Había sobrevivido a cada uno de esos recuerdos creyendo que jamás podría llamarla su esposa.

Y ahora estaba frente a él.

Sus manos temblaron ligeramente.

Nunca imaginó que un hombre entrenado para gobernar un emirato pudiera sentirse tan vulnerable.

Se acercó despacio.

Con infinita delicadeza levantó el velo que cubría el rostro de Fahriye.

Cuando sus ojos encontraron los de ella...

El aire abandonó sus pulmones.

Era mucho más hermosa de lo que recordaba.

No.

Mucho más hermosa de lo que había soñado.

Sus ojos brillaban como dos joyas oscuras, mientras la luz del salón acariciaba suavemente su rostro.

Una sonrisa involuntaria apareció en los labios de Zayn.

No era la sonrisa elegante del futuro emir.

Era la sonrisa sincera de un hombre profundamente enamorado.

Tomó una de sus manos.

La sostuvo con extremo cuidado, como si se tratara del tesoro más valioso del mundo.

Después inclinó la cabeza y depositó un beso sobre el dorso de sus dedos.

—Te ves hermosa... —murmuró con la voz ligeramente quebrada—. Durante muchos años imaginé este momento. Soñé incontables veces con verte convertida en mi esposa... y hoy Alá convirtió ese sueño en realidad.

Fahriye sintió que su corazón daba un vuelco.

Jamás había escuchado tanta ternura en la voz de un hombre.

Él levantó lentamente la mano y acarició con infinita suavidad uno de sus mechones de cabello.

Luego besó su frente.

Fue un gesto lleno de respeto. De protección. De amor.

Las mujeres presentes intercambiaron miradas discretas.

No quisieron interrumpir aquel instante.

En silencio comenzaron a abandonar la habitación una por una.

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