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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 261

El aeropuerto privado de Dubái rebosaba de lujo y exclusividad.

Las enormes paredes de cristal permitían contemplar la pista bañada por la luz dorada del amanecer, mientras varios aviones privados aguardaban inmóviles, preparados para despegar hacia distintos destinos alrededor del mundo.

Aquel, sin embargo, no era un viaje cualquiera.

Era el comienzo de la luna de miel del heredero de los Al-Qasimi.

Después de una boda que había reunido a la élite del país, Zayn y Fahriye finalmente disponían de unos días lejos de las obligaciones, las ceremonias y los constantes compromisos de la familia real.

Su destino era uno de los lugares más exclusivos del mundo.

El majestuoso Burj Al Arab.

Aunque el famoso hotel era uno de los símbolos más reconocidos de Dubái, la familia Al-Qasimi había reservado para ellos una de las villas privadas del complejo turístico, un lugar donde podrían disfrutar de privacidad absoluta, playa exclusiva y un servicio diseñado para satisfacer cualquier deseo de sus huéspedes.

Fahriye observaba los enormes ventanales mientras sostenía la mano de su esposo.

Una suave sonrisa iluminaba su rostro.

Aún le parecía increíble que apenas unas horas antes hubiera pronunciado el "sí, acepto".

Ahora llevaba el apellido Al-Qasimi.

Ahora era la esposa de Zayn.

—¿Estás nerviosa? —preguntó con una sonrisa.

Fahriye negó lentamente.

—No… solo intento convencerme de que todo esto es real.

Zayn soltó una pequeña risa.

—Lo es.

Justo cuando ambos conversaban, una figura femenina apareció corriendo por el amplio vestíbulo del aeropuerto.

Su respiración era agitada, como si hubiera recorrido una larga distancia para alcanzarlos antes de que abordaran.

Fahriye levantó la vista.

Reconoció inmediatamente a la mujer.

Era Alana.

La joven se detuvo frente a ellos intentando recuperar el aliento.

Llevaba entre las manos una elegante caja envuelta con un delicado papel color marfil y un lazo dorado.

Bajó ligeramente la cabeza en señal de respeto.

—Jeque Zayn... Jequesa Fahriye...

Su voz sonaba nerviosa.

—Lamento haber venido sin avisar. Sé que quizá este no sea el momento adecuado, pero necesitaba hacerlo.

Zayn la observó con tranquilidad.

No había molestia en su expresión.

Solo curiosidad.

Alana respiró profundamente.

—Lo ocurrido en la boda... jamás fue mi intención. Fue el jeque Adnan quien me obligó a participar en todo aquello. Yo nunca habría querido faltarles al respeto.

Sus ojos se llenaron de culpa.

—Solo deseaba pedirles perdón... y entregarles un pequeño regalo de bodas.

Extendió la caja con ambas manos.

Zayn la recibió con amabilidad.

—Gracias, Alana.

La joven levantó ligeramente la mirada.

Él continuó hablando con absoluta serenidad.

—No tienes que disculparte más. Fahriye y yo sabemos perfectamente que fuiste utilizada por mi hermano.

Fahriye asintió con una sonrisa cordial.

—Valoramos que hayas decidido decir la verdad cuando pudiste haber guardado silencio.

Los ojos de Alana parecieron humedecerse.

—Gracias por creerme.

—La honestidad siempre merece ser reconocida —respondió Zayn.

Durante unos instantes los tres conversaron con tranquilidad.

La tensión que había existido durante la boda parecía haber desaparecido.

Entonces uno de los asistentes del aeropuerto se acercó hasta Zayn.

—Su Alteza, necesitamos su firma para autorizar el embarque.

Zayn asintió.

Miró a Fahriye.

—Regreso enseguida.

Ella sonrió.

—Aquí estaré.

Él volvió a dirigir una mirada amable hacia Alana antes de alejarse junto al empleado.

Durante unos segundos reinó un silencio incómodo.

En cuanto Zayn desapareció tras una puerta de cristal, algo cambió.

Fahriye lo sintió antes incluso de verlo.

La cálida expresión de Alana desapareció lentamente.

Su sonrisa amable se desvaneció.

Los ojos dulces que había mostrado frente a Zayn se volvieron fríos. Muy fríos.

Había algo oscuro escondido detrás de aquella aparente humildad.

Fahriye sostuvo su mirada sin apartarse.

Percibió un brillo extraño.

Alana dio un pequeño paso hacia ella.

Su voz descendió hasta convertirse casi en un susurro.

—Siempre permaneceré al lado de mi príncipe Zayn.

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