Fahriye cerró lentamente los ojos cuando sintió los labios de Zayn rozar los suyos una vez más.
Su respiración se detuvo.
El corazón de Fahriye latía con tanta fuerza que temió que Zayn pudiera escucharlo.
Jamás había imaginado que un beso pudiera despertar tantas emociones al mismo tiempo.
Al principio permaneció inmóvil.
Después, poco a poco, dejó atrás sus inseguridades.
Correspondió al beso con una delicadeza que hizo sonreír a Zayn.
No había prisa. No existía ansiedad.
Solo dos personas que llevaban años esperando aquel instante.
El beso fue lento. Tierno.
Lleno de promesas silenciosas.
Cuando sus labios se separaron apenas unos centímetros, ambos permanecieron con los ojos cerrados, compartiendo la misma respiración.
Zayn acarició suavemente la mejilla de su esposa con el dorso de los dedos.
—¿Estás bien? —preguntó en un susurro.
Fahriye abrió los ojos lentamente.
Sus mejillas estaban completamente sonrojadas.
Asintió con timidez. Aquella respuesta fue suficiente para que Zayn volviera a acercarse.
Esta vez el beso fue un poco más largo. Más profundo.
Cada roce hacía que la distancia entre ellos desapareciera un poco más.
Fahriye sintió que el miedo que había cargado desde la boda comenzaba a deshacerse lentamente.
Cada beso se convertía en una confirmación.
"Confío en ti."
"Estoy contigo."
"No necesitas demostrarme nada."
Aquello conmovía profundamente a Fahriye.
Sin darse cuenta, levantó una mano y la apoyó sobre el pecho de Zayn.
Sintió los fuertes latidos de su corazón.
Él también estaba nervioso.
Aquello la hizo sonreír.
Zayn notó ese pequeño gesto.
—¿De qué te ríes?
Ella bajó la mirada con vergüenza.
—Pensé que solo yo estaba nerviosa.
Él soltó una risa baja.
—Créeme... llevo muchos años imaginando este momento.
Las palabras hicieron que el rostro de Fahriye se tiñera nuevamente de rojo.
Zayn volvió a besarla.
Esta vez con una dulzura aún mayor.
Sin embargo, cuando notó que la respiración de ella comenzaba a acelerarse y que buscaba aire entre un beso y otro, se apartó de inmediato.
No quería que aquel momento dejara de ser agradable para ella.
Esperó unos segundos.
Le acarició el cabello.
Solo cuando vio que Fahriye había recuperado el aliento volvió a rozar sus labios con un beso breve y lleno de ternura.
La paciencia con la que actuaba hizo que el corazón de la joven se estremeciera.
No existía presión. No había exigencias. Solo respeto.
En algunos momentos, Zayn sentía que el deseo de estrecharla entre sus brazos era tan intenso que apenas lograba contenerse.
No era un impulso nacido únicamente de la atracción.
Era el deseo de abrazar a la mujer que había amado durante tantos años.
Cuando sentía que las emociones lo desbordaban, simplemente la rodeaba con los brazos y la acercaba a su pecho.
Sentirla apoyada contra él era suficiente para calmar la ansiedad que llevaba tanto tiempo guardando.
Fahriye también encontraba refugio en ese abrazo.
La noche avanzó lentamente.
Hablaron de su infancia.
Recordaron las veces que sus familias coincidían en celebraciones.
Rieron al recordar antiguas travesuras.
Después volvían a besarse.
Sin prisas.
Sin ir más allá de aquello para lo que ambos se sentían preparados.
Era suficiente.
Cuando el cansancio finalmente venció a los dos, permanecieron abrazados sobre la cama.
Fahriye apoyó la cabeza sobre el hombro de Zayn.
Él acomodó cuidadosamente una manta sobre ambos.
Antes de quedarse dormido, besó con delicadeza la frente de su esposa.
—Buenas noches, habibti.
Ella sonrió con los ojos ya cerrados.
—Buenas noches...
Pocos minutos después, el silencio llenó la habitación.
Solo el sonido del mar acompañó el descanso de los recién casados.
***
Los primeros rayos del sol atravesaron las cortinas blancas de la villa.
Fahriye abrió lentamente los ojos.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, recordando todo lo ocurrido la noche anterior.
Giró ligeramente la cabeza.
Zayn ya no estaba en la habitación.
Probablemente había salido a la terraza o había pedido el desayuno.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Se levantó despacio y caminó hasta el enorme espejo del vestidor.
Al observar su reflejo, no pudo evitar llevarse una mano a la boca.
Sus labios seguían ligeramente enrojecidos e hinchados por la cantidad de besos que habían compartido durante la noche.

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