La tarde caía lentamente sobre el mar, tiñendo el horizonte de tonos dorados, rosados y anaranjados que parecían fundirse con el azul profundo del agua.
La brisa marina soplaba con suavidad, moviendo el cabello de Fahriye mientras caminaba descalza por la arena.
A unos pasos de ella, Zayn la observaba con una sonrisa serena.
—¿En qué piensas? —preguntó Fahriye al descubrir que él no dejaba de mirarla.
Zayn sonrió.
—En que jamás imaginé volver a caminar contigo de esta manera.
Ella bajó la mirada, ocultando una pequeña sonrisa.
Continuaron avanzando junto a la orilla. Las olas rozaban sus pies y el sonido del mar parecía borrar, aunque fuera por unas horas, todos los problemas que habían vivido.
Después de un largo paseo, ambos llegaron hasta el muelle privado donde los esperaba el elegante yate de Zayn.
Él extendió la mano.
—¿Me acompañas?
Fahriye la tomó sin dudar.
Subieron a bordo.
Zayn tomó el mando de la embarcación.
Navegó durante casi una hora mar adentro, hasta llegar a un pequeño puerto turístico rodeado de restaurantes exclusivos y luces que comenzaban a reflejarse sobre el agua.
El ambiente era tranquilo.
Las mesas estaban decoradas con velas y flores blancas, mientras una suave melodía de piano acompañaba la cena de los visitantes.
Era un lugar íntimo.
Perfecto para escapar del ruido de la ciudad.
Fahriye contempló maravillada el paisaje.
—Es hermoso.
—Quería traerte aquí desde hace mucho tiempo.
Ella volvió a sonreír.
Los dos tomaron asiento frente al mar.
Los meseros comenzaron a servir distintos platillos de la cocina mediterránea y árabe: mariscos frescos, cordero especiado, pan recién horneado, quesos artesanales y una variedad de postres tradicionales.
Mientras degustaban cada platillo, la conversación surgía con una naturalidad que ambos habían extrañado durante años.
Hablaron de la universidad.
De los libros que más disfrutaban.
De los países que soñaban visitar.
Recordaron profesores que los habían marcado, viajes familiares y pequeñas anécdotas de la infancia que provocaban carcajadas espontáneas.
Cada nuevo tema les hacía descubrir que seguían teniendo muchísimo en común.
Fahriye comenzaba a sentirse completamente relajada.
Entonces el mesero dejó sobre la mesa una botella de vino espumoso.
—Es una cortesía de la casa, señor.
Zayn agradeció el detalle.
Fahriye observó las delicadas burbujas subir lentamente dentro de las copas.
—Nunca he probado uno.
Zayn arqueó ligeramente una ceja.
—¿Nunca?
Ella negó con una pequeña risa.
—Jamás me ha llamado la atención beber.
—Entonces solo un poco.
El mesero sirvió una pequeña cantidad.
Fahriye levantó la copa con curiosidad.
Probó apenas un sorbo.
El sabor dulce y afrutado la sorprendió.
—Está delicioso.
Zayn sonrió divertido.
—Pero no bebas demasiado, habibti.
Ella asintió.
—Lo prometo.
Sin embargo, mientras la conversación continuaba, volvió a llenar la copa.
Y después otra vez.
No era consciente de que el alcohol comenzaba a hacer efecto con rapidez debido a que prácticamente nunca bebía.
Sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado.
Las risas comenzaron a escapar con mayor facilidad.
Incluso hablaba mucho más de lo habitual.
Zayn la observaba enternecido.
Hacía años que no la veía sonreír con tanta libertad.
—¿Sabes? —dijo Fahriye riendo—. Creo que eres menos serio de lo que aparentas.
—Ah, ¿sí?
—Muchísimo menos.
Ella señaló su rostro con un dedo.
—Hasta tienes una sonrisa bonita... pero la escondes demasiado.
Zayn soltó una carcajada.
—Eso jamás me lo había dicho nadie.
—Pues alguien tenía que hacerlo.
Volvió a beber otro pequeño sorbo.
La noche continuó avanzando.
Poco a poco el efecto del vino fue aumentando.
Fahriye comenzó a hablar más despacio.
Sus movimientos se hicieron torpes.
Cuando intentó ponerse de pie, perdió ligeramente el equilibrio.
Zayn reaccionó enseguida sujetándola por la cintura.
—Creo que alguien ya bebió suficiente.
Ella lo miró entre divertida y avergonzada.
—No estoy... ebria.
Intentó dar otro paso.
Tropezó nuevamente.
Él sonrió.
—Claro que no.
Ella frunció el ceño con gesto infantil.
—Solo... el suelo se mueve.
—Es el yate.
—¡Lo sabía!
Aquella respuesta hizo reír a Zayn.
Con infinita delicadeza la levantó entre sus brazos.
Fahriye rodeó inconscientemente su cuello.
Apoyó la cabeza sobre su hombro mientras él caminaba hacia el camarote principal.
Al llegar, la depositó con cuidado sobre la amplia cama.
Ella abrió lentamente los ojos.
Durante unos segundos ambos permanecieron mirándose en silencio.
La habitación estaba iluminada únicamente por una lámpara tenue y por el reflejo de la luna entrando a través de los ventanales.
Zayn apartó un mechón de cabello de su rostro.

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