De pronto, Tariq dio un paso al frente y se interpuso entre Murad y Essyra.
Tariq abrió los brazos ligeramente, protegiendo a Essyra con su propio cuerpo.
Su respiración era agitada.
La ira seguía ardiendo dentro de él, pero había algo más fuerte que su orgullo en ese instante.
No permitiría que Murad le disparara.
No mientras él pudiera evitarlo.
—¡No dejaré que le hagas daño! —declaró con firmeza, sin apartar la mirada de Murad.
Murad permaneció inmóvil.
La pistola seguía apuntando hacia ellos.
Durante unos largos segundos nadie habló.
Solo se escuchaba la respiración contenida de los presentes.
Entonces, contra todo pronóstico, Murad sonrió.
No era una sonrisa burlona.
Era la sonrisa tranquila de un hombre que sabía que ya había ganado aquella batalla.
Lentamente bajó el arma.
—Entonces... lárguense de aquí.
Su voz fue serena. Fría.
Como si expulsarlos fuera suficiente castigo.
Tariq permaneció inmóvil unos segundos más, desconfiando.
Aquello hirió todavía más el orgullo de Tariq.
Apretó la mandíbula.
Antes de marcharse lanzó una última mirada hacia Murad.
Después sus ojos se desviaron lentamente hacia Hasret.
Aquella indiferencia fue más dolorosa que cualquier insulto.
Tariq sintió que algo se rompía dentro de él.
Por un instante quiso correr hacia ella.
Preguntar que había hecho.
Finalmente giró sobre sus talones.
Tomó a Essyra del brazo.
Y ambos abandonaron la habitación.
**
Apenas cruzaron la entrada de la mansión, Essyra dejó de contenerse.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
Su respiración se volvió entrecortada.
Todo el orgullo que había sostenido frente a Murad desapareció de golpe.
Tariq la observó unos segundos. Después la abrazó con fuerza.
—No llores.
Su voz era suave. Muy distinta a la dureza que había mostrado momentos antes.
—Essyra... yo estoy aquí. Yo sí voy a cuidarte. Nunca permitiré que vuelvas a sufrir.
Essyra levantó lentamente la cabeza.
—¿Tú... nunca elegirás a otra mujer por encima de mí?
Tariq respondió sin vacilar.
—Jamás.
Tomó su rostro entre las manos.
—Solo tú serás mi esposa.
Essyra sonrió.
Sus labios dibujaron una sonrisa delicada.
Pero aquella sonrisa nunca llegó a sus ojos.
Porque, en el fondo... No era feliz.
Aquello no era la vida con la que había soñado.
Desde que era una adolescente había imaginado convertirse en la esposa del hombre más admirado del Golfo.
No de un príncipe.
No de un jeque.
Sino del hombre cuya influencia era tan grande Murad Al-Sabah.
El hombre al que llamaban el rey sin corona.
Ella siempre había querido estar junto a alguien así.
Ser admirada. Envidiada.
Y ahora... La vida la obligaba a conformarse.
Sí. Tariq era rico. Muy rico.
Poseía empresas, propiedades y prestigio.
Pero, comparado con Murad... Solo era otro millonario más.
Sin la grandeza que Murad representaba.
Ese pensamiento le dolía.
Mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Porque Essyra nunca había aprendido a conformarse.
Desde niña había conseguido todo cuanto deseaba.
Nunca aceptó perder. Jamás.
Y, sin embargo...
Aquella vez había perdido.
Sus uñas se clavaron en la palma de su mano.
Mientras Tariq continuaba abrazándola, ella apretó los dientes.
"Maldita Hasret..."
Sus ojos se llenaron de resentimiento.
"Te juro que esto lo vas a pagar."
***
Mientras tanto...
Dentro de la habitación.
Hasret permanecía encerrada en el baño.
Las manos le temblaban mientras desabrochaba lentamente el vestido.
Respiró profundamente. Todo había ocurrido demasiado rápido.
“Recordó el momento exacto en que Murad se había alejado de ella.
Lo vio sacar una pequeña daga.
En ese instante creyó que iba a hacer algo terrible.
Su corazón se aceleró.
—¡No!
Había gritado sin pensar.
Pero Murad únicamente sonrió. Nunca olvidaría aquella expresión.
Había visto hombres sonreír con deseo. Con soberbia. Con arrogancia.
Pero jamás había visto una sonrisa tan tranquila.
Tan llena de ternura.
Y se hizo un pequeño corte.
La sangre comenzó a brotar lentamente.
Hasret quedó paralizada.
—¿Por qué hace eso?
Murad levantó la vista.
—Porque sé que vendrán.
Su voz fue tranquila.
—Y querrán comprobar si esta noche fuiste mía.

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