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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 273

Cuando Murad regresó junto a su familia, caminó lentamente por los jardines del palacio.

La noche era tranquila.

El cielo estaba despejado y una suave brisa recorría el lugar, moviendo ligeramente las hojas de los árboles.

Durante unos segundos, Murad se quedó observando aquella escena que siempre había significado seguridad para él.

Sus padres estaban juntos.

Como siempre.

Omar abrazaba a Samyra por la espalda mientras ambos contemplaban el cielo lleno de estrellas. Él señalaba algunas constelaciones y le susurraba algo al oído que hacía sonreír a su esposa.

Era una imagen que Murad había visto muchas veces desde niño.

Sus padres seguían mirándose con el mismo amor de años atrás.

Seguían siendo una pareja que se elegía todos los días.

Murad sonrió con ternura.

Había crecido viendo ese amor.

Y quizás por eso, en el fondo, siempre había deseado encontrar algo parecido.

Alguien que lo hiciera sentir lo mismo que su padre sentía por su madre.

Alguien que fuera su hogar.

Respiró profundamente y caminó hacia ellos.

—Padre, madre.

Omar y Samyra se giraron al escuchar su voz.

Ambos le sonrieron.

Pero Samyra, como madre, notó inmediatamente algo diferente en su expresión.

Murad parecía feliz, pero también nervioso.

—Cariño, ¿sucede algo? —preguntó acercándose a él.

Murad miró a sus padres durante unos segundos.

Sabía que la noticia sería inesperada.

Sabía que quizás pensarían que estaba tomando una decisión demasiado rápida.

Pero también sabía algo más.

No podía esperar.

No quería arriesgarse a perder a la mujer que amaba.

—Sí...

Hizo una pausa.

—Hay algo que debo decirles.

Omar cruzó los brazos, esperando escuchar.

Murad tomó aire.

—Padre, madre... me casaré en una semana.

El silencio cayó sobre el lugar.

Omar y Samyra se miraron inmediatamente.

Ambos habían escuchado las palabras de su hijo, pero la sorpresa fue demasiado grande.

Una semana.

No un mes. No unos meses.

Una semana.

—Espera...

Omar frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué has dicho?

Murad mantuvo la calma.

—Que me casaré.

—¿En una semana? —repitió su padre, todavía sorprendido—. Murad, ¿qué está pasando?

Su tono no era de enojo, sino de preocupación.

Como padre, inmediatamente pensó que algo había ocurrido.

Quizás había un problema.

Quizás su hijo estaba intentando solucionar algo con una decisión impulsiva.

—¿Ella está embarazada?

Preguntó Omar directamente.

Murad abrió los ojos sorprendido.

—No.

Negó rápidamente.

—Padre, no ha pasado nada malo.

Samyra se acercó a él.

Su mirada estaba llena de preocupación.

—Entonces explícanos, hijo.

Murad sonrió suavemente.

—Estoy enamorado.

Sus padres guardaron silencio.

—La amo.

Continuó.

—Y siento que si no lo hago ahora... si espero demasiado...

Bajó ligeramente la mirada.

—Puedo perderla.

Samyra observó a su hijo con ternura.

Podía ver en sus ojos algo que pocas veces había visto.

La misma seguridad que Omar había tenido cuando decidió luchar por ella.

—Murad...

Ella tomó sus manos.

—Dinos la verdad.

Él sonrió.

—La verdad es que solo es amor.

Una pequeña risa escapó de sus labios.

—Quiero estar con ella.

Miró a ambos.

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