Al día siguiente, Zayn y Fahriye regresaron finalmente a Dubái después de disfrutar de unos días de descanso. El viaje había servido para fortalecer aún más su matrimonio, aunque ambos sabían que la tranquilidad no duraría demasiado.
Como miembros de la familia real de Furayia, siempre habría responsabilidades esperándolos.
Antes de regresar al palacio que el emir les había obsequiado, decidieron hacer una parada importante.
Fueron a visitar a los padres de Fahriye.
En cuanto el automóvil llegó a la residencia familiar, Samyra salió a recibirlos. Apenas vio a su hija bajar del vehículo, una enorme sonrisa iluminó su rostro.
Sin esperar un segundo más, caminó hasta ella y la abrazó con todas sus fuerzas.
—Mi niña...
Fahriye sonrió con ternura mientras correspondía el abrazo.
—Madre...
Habían pasado pocos días sin verse, pero para Samyra parecían semanas.
Necesitaba comprobar con sus propios ojos que su hija era feliz.
Después de saludar y conversar unos minutos, Samyra tomó suavemente la mano de Fahriye.
—Ven conmigo un momento.
Ambas caminaron hasta uno de los jardines interiores del palacio, donde podían hablar con tranquilidad.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Samyra observó detenidamente el rostro de su hija.
No buscaba palabras.
Buscaba emociones. Y lo que encontró la hizo sonreír.
Fahriye tenía una luz distinta en los ojos.
Parecía una mujer completamente enamorada.
—Dime la verdad, hija.
Tomó sus manos con cariño.
—¿Todo está bien?
Fahriye sonrió sin poder ocultar la felicidad que sentía.
—Sí, madre.
Miró por un instante el cielo.
—Todo es perfecto.
Samyra sintió un enorme alivio.
Acarició su mejilla con dulzura.
—Eso era todo lo que quería escuchar.
Después la abrazó una vez más.
No había mayor felicidad para una madre que saber que su hija había encontrado un hombre que la respetaba y la hacía feliz.
***
Poco después, Murad llegó al palacio.
Apenas vio a su hermana, caminó rápidamente hacia ella y la envolvió en un fuerte abrazo.
—¡Hermana!
Fahriye rió.
—Murad...
Él se separó apenas unos centímetros para observarla con atención.
—¿Cómo estás?
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Te ha tratado bien?
Zayn soltó una pequeña risa.
Sabía perfectamente hacia dónde iba aquella conversación.
Fahriye rodó los ojos con diversión.
—No empieces, Murad.
—Solo quiero asegurarme de que mi hermana está siendo feliz.
—Lo soy.
Respondió ella sonriendo.
Murad miró a Zayn.
—Más te vale.
Los tres comenzaron a reír.
Después de unos instantes, Murad carraspeó ligeramente.
—En realidad...
Tengo algo importante que decirles.
La expresión de ambos cambió.
Fahriye cruzó los brazos.
—¿Qué sucede?
Murad respiró profundamente.
—Me casaré.
Hubo un breve silencio.
—¿Cuándo?
Preguntó Zayn.
—En una semana.
Los dos lo miraron completamente sorprendidos.
—¿Qué?
Exclamó Fahriye.
—¿Es una broma?
Murad negó inmediatamente.
—No.
Hablo completamente en serio.
Fahriye seguía sin creerlo.
—¡Murad!
Lo tomó del brazo.
—¿Quién es ella?
Murad sonrió con una felicidad imposible de ocultar.
—Mañana la conocerán.
Miró a ambos con entusiasmo.
—Porque iremos a pedir oficialmente su mano.
Zayn y Fahriye intercambiaron una mirada.
Todavía intentaban asimilar la noticia.
Pero bastó ver la expresión enamorada de Murad para comprender que hablaba completamente en serio.
***
Esa misma noche, Zayn y Fahriye llegaron finalmente al palacio que el emir Omar les había regalado como obsequio de bodas.
Durante una temporada vivirían en Dubái para atender algunos asuntos oficiales.
Más adelante regresarían definitivamente a Furayia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...