Cuando regresaron al palacio después de visitar a la familia Al-Dafari, el ambiente estaba lleno de tranquilidad.
Mientras avanzaban hacia la entrada principal, Omar levantó una mano.
—Murad.
El joven se volvió.
—¿Sí, padre?
—Ven conmigo un momento.
Finalmente habló.
—Dime la verdad.
Murad lo miró con curiosidad.
—¿Por qué tanta prisa por casarte?
El muchacho sonrió con cierta incomodidad.
—¿Acaso vas a decirme que Hasret está embarazada?
Murad soltó una fuerte carcajada.
—¡Padre!
Negó entre risas.
—Claro que no.
Omar respiró con alivio.
—Entonces explícamelo.
Murad dejó escapar un suspiro.
Miró hacia el lago artificial del jardín antes de responder.
—La verdad...
Guardó silencio unos segundos.
—Existe otro hombre.
Omar levantó ligeramente una ceja.
Murad continuó.
—Un hombre que estuvo mucho tiempo cerca de Hasret. La quiso. O al menos eso le hizo creer. Pero terminó rompiéndole el corazón.
Su padre escuchaba sin interrumpirlo.
—Ahora ella me aceptó. Aceptó casarse conmigo. Pero tengo miedo. De que él aparezca antes de la boda. De que vuelva arrepentido. De que intente recuperarla.
Apretó ligeramente los puños.
—Y no pienso permitirlo. Jamás dejaré que vuelva a hacerla sufrir.
Omar permaneció pensativo.
—Murad... ¿Estás completamente seguro de que Hasret te elegirá a ti?
—Sí.
—¿Tan seguro estás?
Murad asintió.
—Porque voy a enamorarla todos los días de mi vida.
Bajó la mirada mientras sonreía.
—Creo que ella ya siente algo por mí. Pero todavía quiero que se enamore incluso de mis defectos. Quiero que ame mis locuras. Quiero que algún día me mire y piense que nunca pudo haber elegido a otro hombre.
Omar soltó una risa llena de ternura.
Le dio una palmada en el hombro.
—Alá...
Sacudió la cabeza divertido.
—Este hijo mío está completamente loco.
Murad río.
***
A la mañana siguiente, Samyra organizó una salida muy especial.
Había llegado el momento de comprar el vestido de novia.
La acompañaban Fahriye, Nassira e Inaya.
Las cuatro esperaban frente a una de las boutiques más exclusivas de Dubái.
Mientras aguardaban la llegada de Hasret, Inaya aprovechó para acercarse a Fahriye.
—Prima...
Bajó un poco la voz.
—Sigo pensando que no fue buena idea dejar que esa muchacha, Alana, continúe viviendo en tu palacio.
Fahriye suspiró.
—Lo sé.
Sonrió ligeramente.
—Precisamente por eso compré una hermosa casa para ella.
Inaya abrió mucho los ojos.
—¿En serio?
—Sí. Y bastante lejos del palacio.
Las dos comenzaron a reír.
—¿Cuándo se la entregarás?
—Después de la boda de Murad. Primero quiero hablar con ella. Si acepta comenzar una nueva vida, tendrá una casa completamente suya.
Inaya sonrió divertida.
—Haz que no tenga ninguna excusa para quedarse.
En ese momento la puerta de la boutique volvió a abrirse.
Hasret acababa de llegar.
Vestía un sencillo vestido color crema y un velo claro que cubría delicadamente su cabello. No llevaba joyas costosas.
Inaya la observó discretamente.
—¿Ella es nuestra futura cuñada?
Fahriye asintió orgullosa. Inaya volvió a mirarla.
—Ahora entiendo por qué Murad perdió la cabeza. Es realmente hermosa.
Fahriye sonrió.
Caminó directamente hacia ella.
—¡Hermana Hasret!
La joven levantó la vista sorprendida. Jamás había visto una mujer tan elegante como Fahriye.
Por un momento no encontró palabras. Solo pudo sonreír.
Fahriye la abrazó con cariño.
—Soy Fahriye Al-Sabah. Desde hoy soy tu hermana.
Después señaló a la joven que estaba detrás.
—Ella es Inaya. Tu nueva prima.
Las dos la abrazaron con tanta naturalidad que Hasret sintió un nudo en la garganta.
Nunca imaginó ser recibida con tanto cariño.
—Gracias...
En ese instante Nassira también se acercó.
La observó de arriba abajo sin ocultar su admiración.
—Es preciosa.
Sonrió ampliamente.
—Y esos ojos... ¡Qué ojos tan hermosos!
Tomó ambas manos de Hasret.
—Bienvenida a la familia. Soy Nassira. Y cuando Alá te bendiga con un bebé... Estoy segura de que será el sobrino más hermoso de todos.
Hasret no pudo evitar sonrojarse.
Todas aquellas mujeres hablaban de ella como si realmente ya perteneciera a la familia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...