—¿Qué tanto me miras? ¿A ver quién tiene los ojos más grandes? Los míos son muchísimo más grandes que los tuyos. Vaya, Jimena, hasta ahora me doy cuenta de lo chiquitos que los tienes; cuando sonríes, ni se te ven.
Olivia definitivamente llevaba la misma sangre venenosa que su hermana Nuria; a la hora de soltar la lengua, no había quién le ganara.
Jimena, hirviendo de la rabia, no se aguantó y le soltó otra bofetada con todas sus fuerzas.
A diferencia de la primera vez, donde la tomó por sorpresa, Olivia ahora estaba más que lista y no iba a quedarse de brazos cruzados recibiendo golpes.
Le agarró la muñeca a Jimena en el aire y levantó la otra mano, dispuesta a devolverle el golpe en la cara.
—¡Olivia! —gritó Nuria.
Olivia miró a su hermana, quien negó con la cabeza lentamente. A regañadientes, bajó la mano sin llegar a golpearla en la cara, pero la empujó con brusquedad.
Jimena tropezó hacia atrás, chocó contra la mesa de centro y terminó cayendo al suelo.
No estaba acostumbrada a semejante humillación. Se levantó como una fiera, se abalanzó sobre Olivia y empezó a lanzar manotazos a lo loco.
Olivia, que había pensado en contenerse por el bien de su hermana, perdió la paciencia por completo y se enfrascó en una pelea a tirones y empujones con Jimena.
—¡Olivia! ¡Jimena! ¡Ya paren, por favor! Es muy tarde, cálmense y hablemos como gente civilizada —gritaba Nuria, haciéndose la mediadora.
Pero curiosamente, no intentaba detener a su hermana; se interponía en el camino de Jimena. Cuando Jimena le daba un manotazo para apartarla, Nuria volvía a meterse, recibiendo otro empujón.
Retrocedió un par de pasos, recuperó el equilibrio y luego se acercó por detrás a Jimena, abrazándola fuertemente con la excusa de detenerla, mientras gritaba:
—¡Jimena, Olivia, ya no se peleen más! ¡Basta!
Aprovechando que Jimena estaba inmovilizada, Olivia empezó a repartirle manotazos por todo el cuerpo, evitando la cara.


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