Nuria se puso pálida del coraje.
Entendió perfectamente a qué se refería Jimena.
Y conocía a Lorenzo Méndez mejor que nadie.
Llevaba más de una década a su lado y le había dado un hijo. En todos esos años, él no había buscado otras amantes. Había sabido cómo retenerlo, pero también influía que él era un adicto al trabajo y que en casa tenía a su esposa oficial.
Nuria siempre había sido dócil, comprensiva, y durante todos esos años nunca lo presionó para que se divorciara. Si no hubiera sido porque alguien les tomó unas fotos juntos a escondidas y se las envió a Vanessa, Lorenzo jamás se habría divorciado para darle su lugar.
Pero esa estabilidad tenía una condición clara: no meterse en sus negocios ni afectar los intereses del Grupo Méndez.
Para Lorenzo, el Grupo Méndez lo era todo.
Meterse con la empresa era como arrancarle el corazón.
La familia Méndez y la familia Castillo eran familias políticas, ambas pertenecían a la élite y sus empresas estaban fuertemente entrelazadas. Si llegaba a ponerle una mano encima a Jimena y esta iba a quejarse con su familia, y la familia Castillo le reclamaba a Lorenzo, él jamás se pondría de su lado.
Al ver que su hermana se acobardaba, Olivia no pudo contenerse y se lanzó a insultar a Jimena:
—¡Castillo, bájale a tus humos! ¿Quién te crees que eres? Si no fuera por el señor Silva y por Rodrigo protegiéndote, no serías nadie.
»El Grupo Castillo seguramente habría quebrado hace años por pura incompetencia. Si siguen a flote es porque están colgados de los negocios con el Grupo Méndez y el Grupo Silva. ¡Te crees la gran cosa y no sirves para nada!
»Antes claro que valías la pena, tenías a dos presidentes importantes babeando por ti. ¿Y ahora? El señor Silva ya no te ama, anda desesperado tratando de recuperar a su exesposa, y Rodrigo ni te determina.
»¿Hace cuánto que no comen juntos? ¿Hace cuánto que no pasa tiempo contigo? Antes te trataba como a una reina, ahora parece un extraño.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda