—¿Qué demonios pasó? —preguntó Rodrigo Méndez con voz profunda y el rostro ensombrecido, plantándose frente a las Valdez.
—Solo me retrasé un poco por trabajo y ustedes aprovecharon para atacar a mi esposa, al punto de mandarla al hospital.
Sin esperar respuesta, Rodrigo se giró hacia los oficiales.
—Oficial, estas dos mujeres se aprovecharon de que yo no estaba para atacar a mi esposa. La dejaron gravemente herida, ahora mismo está en la sala de urgencias.
Nuria se puso de pie de un salto para defenderse.
—Rodrigo, tú no sabes nada, no nos acuses sin pruebas.
—Fue tu esposa la que nos atacó primero —argumentó Nuria—. La verdad es que no nos soporta y siempre busca hacernos la vida imposible. Solo nos defendimos. Si ella se golpeó el vientre por accidente, fue su mala suerte.
Luego se dirigió a los policías.
—Oficial, esto es un asunto familiar. Yo soy la futura señora Méndez y él es mi hijastro. Su padre y yo nos casamos en un par de días. Como el señor Rodrigo y señora Jimena no quieren que yo forme parte de la familia, intentaron impedirlo de todas las formas posibles. Al ver que no funcionó, ella aprovecha cuando su esposo no está para atacarnos.
—El personal de la casa puede confirmarlo, y también hay cámaras de seguridad. Podemos revisar las grabaciones para que vean cómo fueron las cosas. No fuimos nosotras quienes empezamos el pleito, fue mi nuera.
—Miren cómo dejó a mi prima —Nuria señaló a Olivia—. Ella bajó a buscar algo de comer y, sin apenas mediar palabra, le cruzó la cara de una bofetada. Miren, tiene las dos mejillas rojas e hinchadas, los dedos se le quedaron marcados.
—Incluso empezó a darle patadas y puñetazos. Mi prima no se iba a quedar de brazos cruzados, así que se defendió. Empezaron a forcejear, y cuando yo intenté separarlas, también recibí golpes.
Nuria adoptó un tono de víctima.
—Pronto seremos familia y me trata con tanta crueldad. Siempre he intentado ser tolerante por ser mayor que ella, pero se aprovechó de mi paciencia.

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