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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1141

—Cuando Isabela y yo nos casemos y tengamos hijos, si quieres ser su padrino, la verdad es que no tengo ningún inconveniente —agregó Álvaro.

Un par de brazos extra para amar a sus hijos nunca sobraba.

Elías posó su mirada en Álvaro. Los dos hombres cruzaron miradas, pero Elías no logró detectar ni una sola pizca de celos. Por el contrario, Álvaro irradiaba seguridad, como si ya hubiera triunfado y estuviera seguro de que nadie en el mundo podría arrebatarle a Isabela.

Álvaro razonaba en su interior: *Yo soy el novio oficial de Isabela, soy el hombre que tiene a su lado. Ya gané esta partida, ¿qué sentido tiene armar un teatro de celos por nada?*

Era obvio que lo que Elías acababa de decir no era más que una trampa verbal, y él no iba a ser tan iluso de saltar al pozo.

Habían sido grandes amigos en el pasado, por lo que se conocían a la perfección. Elías solo se mostraba tan generoso y daba su bendición a la pareja porque ahora mismo estaba clavado a una cama sin más opciones. Pero, en cuanto Elías recobrara su salud y regresara a Nuevo Horizonte, ¿de verdad se quedaría cruzado de brazos?

Álvaro no se lo creía ni por un segundo.

La única forma en la que Álvaro podría bajar la guardia por completo sería el día en que Elías contrajera matrimonio con otra mujer y formara una relación sólida con la nueva señora Silva.

Los dos adultos se observaron mutuamente en absoluto mutismo, midiéndose en silencio.

Isabela, tras observar a Álvaro y luego a Elías, soltó una carcajada espontánea.

—Elías, Álvaro... con esa intensidad con la que se clavan la mirada, empiezo a creer que ustedes dos hacen buena pareja.

—¡Dios me libre! —escupió Elías al instante—. Soy un hombre común y corriente, a mí no me gustan los hombres.

—¡Isabela, quiero dejar muy en claro que me gustan las mujeres! Del que sí tengo mis dudas es de Álvaro. Ha pasado años sin ponerle el ojo a ninguna chica, y miren que un montón de mujeres lo han perseguido, pero él nunca le ha dado entrada a ninguna.

—Se la pasaba día y noche pegado a Adrián, como uña y mugre. Si la señorita López no hubiera aparecido en la vida de Adrián, juraría que esos dos tenían un romance secreto.

El rostro de Álvaro se oscureció de golpe.

—Elías, el que parece del otro bando eres tú. Adrián y yo somos amigos, somos casi hermanos, por eso pasábamos tanto tiempo juntos. ¿Y tienes el descaro de criticarme? ¿Acaso tú no te la pasabas de un lado a otro en un extraño trío con Rodrigo Méndez y Jimena Castillo?

—Quién sabe, a lo mejor juegas para ambos equipos y sentías algo tanto por Rodrigo como por Jimena.

—Si yo nunca le di una oportunidad a ninguna de esas mujeres fue sencillamente porque ninguna me interesaba —puntualizó Álvaro—. Si no hay amor de por medio, no tienes por qué dar falsas ilusiones. No me interesaba buscarme problemas gratuitos ni vivir dramas innecesarios.

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