Elías intentó decir algo, pero al final no pronunció palabra.
Álvaro se despidió con amabilidad de la anciana antes de irse.
Isabela lo esperaba afuera.
Al verlo salir, no dijo nada; simplemente lo tomó del brazo y se alejaron juntos.
En una esquina del pasillo se toparon con la Sra. Silva.
—Señora —saludaron.
Ambos se detuvieron para ser corteses.
La señora se veía más delgada y un poco más envejecida. El accidente de Elías la había aterrado. La constante preocupación por su hijo no le permitía ni comer ni dormir. Además, cuidar de él en el hospital la había consumido, y al no tener ánimos para arreglarse, su apariencia lo reflejaba.
—Isabela, Álvaro, ¿vinieron a ver a Elías? ¿Ya se van tan pronto?
Ver a la exnuera que tanto había menospreciado aferrada al brazo de otro joven talento de Nuevo Horizonte fue algo difícil de digerir.
Si hubiera imaginado todo lo que pasaría, si hubiera sabido que su hijo se enamoraría de Isabela, nunca la habría atacado. Al menos le habría dejado una oportunidad a su hijo. Pero el hubiera no existía.
La familia Silva la había empujado lejos, tan lejos que ya no había forma de recuperarla.
—Sí, estuvimos hablando un buen rato con él. Estaba muy cansado y preferimos dejarlo descansar. Por eso nos vamos —contestó Isabela.
El rostro de la señora mostró gratitud.
—Isabela, gracias por venir a verlo. Elías te tiene en su corazón, se alegra mucho cuando te ve.
Y para no ofender a Álvaro, añadió apresuradamente:
—Álvaro, no quise insinuar nada, solo es la verdad de cómo se siente mi hijo.
Álvaro le contestó en tono suave:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda