—No sé cómo lo supo, lo puse a prueba un poco. Por lo que dijo y por su reacción, deduzco que tuvo un sueño idéntico al tuyo.
Isabela aún no se atrevía a pronunciar la palabra "renacimiento".
Si lo decía, nadie lo creería.
Al igual que se lo planteó a Álvaro Morales antes.
Si Elías pudo tener ese sueño, no era de extrañar que Ulises también lo tuviera; esa era la excusa perfecta.
—Elías, en cuanto a tu accidente, me atrevo a decir que hay un noventa por ciento de probabilidades de que Ulises esté detrás de ello. Investiguen poco a poco, sigan sus pasos muy de cerca, estoy segura de que encontrarán información útil.
—Si resulta que Ulises tuvo el mismo sueño que tú, entonces vino a Nuevo Horizonte para vengarse. Y no importa que en la vida real nadie le haya hecho daño. Oh, espera, El Cicatrices y sus hombres terminaron tras las rejas por nuestra culpa.
—Eran hombres de Ulises, y él confiaba mucho en El Cicatrices. Le hizo gran cantidad de encargos. Ya que los metimos presos, sería bastante lógico que Ulises buscara vengarse bajo la excusa de ajustar cuentas por sus subordinados.
Elías guardó silencio.
En ese instante, la Sra. Silva entró a la habitación con un plato de frutas recién lavadas. Al ver que su hijo parecía estar en una llamada, le dijo:
—Eli, aún no te has recuperado, no deberías preocuparte por los asuntos del trabajo. Deja que tus primos se encarguen de eso.
Antes, la Sra. Silva le daba mucha importancia a la presidencia del Grupo Silva, deseando que su hijo siempre la ocupara.
Ahora, solo quería que su hijo estuviera con vida; todo lo demás pasó a un segundo plano.
Cuando se enteró del accidente de su hijo y supo que su vida pendía de un hilo, el mundo de la Sra. Silva se derrumbó. Estuvo aterrada de perderlo para siempre.
Por suerte, lograron salvarlo.
Precisamente por ese suceso, la Sra. Silva había cambiado su perspectiva sobre muchas cosas, y ya no se aferraba a los prejuicios sociales como antes.
En cuanto se recuperara y saliera del hospital, le daría igual a quién amara o con quién quisiera casarse; le bastaba con que su hijo fuera feliz.
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