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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1188

Isabela se quedó paralizada por un segundo. Al digerir las palabras de la señora Morales, su rostro palideció.

—Señora Morales, ¿pero Caro no había quedado de ir de compras con sus amigas? ¿Cómo que la secuestraron?

—Isabela, ¿dónde está Álvaro? No tengo idea de cómo pasó. Acabo de recibir una llamada de los secuestradores. Nos están exigiendo cien millones para el rescate; si no pagamos, dicen que venderán a Caro al extranjero. Dijeron que al ser joven, hermosa y de una familia adinerada, valdría muchísimo dinero en ese tipo de lugares.

—Nos advirtieron que no llamáramos a la policía, que si lo hacíamos, la matarían, y que antes de hacerlo... abusarían de ella. Y-yo todavía no me atrevo a llamar a las autoridades. Isabela, por favor, dile a Álvaro que regrese de inmediato.

—También le marqué al teléfono de Caro. Sí dio tono, pero no fue ella quien contestó, fue la voz de un hombre desconocido que dijo ser uno de los secuestradores.

—Pudimos contactar a su amiga; acaba de despertar en el hospital y confirmó que a Caro se la llevaron varios hombres altos, vestidos de negro y con el rostro cubierto. Dijo que apenas habían llegado a la zona comercial, encontraron dónde estacionarse y, en cuanto bajaron del auto, los agarraron.

—A su amiga la golpearon y quedó inconsciente, y cuando despertó ya estaba en el hospital. A Caro se la llevaron a la fuerza.

La señora Morales rompió en llanto por la angustia.

—Isabela, Álvaro está contigo, ¿verdad? Dile que vuelva ya para reunir el dinero del rescate. Nuestra familia siempre ha sido buena con todos, nunca nos hemos metido en problemas con nadie.

—¿Por qué esa gente se ensañaría con nosotros?

¡Y llevarse a Caro! Una chica tan joven y bonita, en manos de unos delincuentes, corría peligro no solo de perder la vida, sino de sufrir lo peor.

Si a la señorita de la familia Morales le pasaba algo, su vida entera quedaría destrozada.

—Señora Morales, trate de calmarse. Álvaro ya va para allá.

Tras intentar tranquilizar a la mujer, Isabela se dirigió rápidamente a Álvaro:

—Álvaro, rápido, da la vuelta. Le pasó algo a Caro.

Él ya había escuchado la conversación. Con el rostro desencajado, ya estaba maniobrando para cambiar de ruta y regresar a casa a toda velocidad.

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