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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1200

—Cierra la boca —gruñó el hombre con expresión amenazante—. Si Ulises te mandó, seguro te dijo que hicieras todo lo que te ordenemos, ¿no?

La ferocidad del sujeto asustó tanto a Jimena que prefirió tragarse el comentario de que Ulises jamás le había ordenado tal cosa.

—¿Y si les consigo otro transporte que los lleve hasta allá? —sugirió ella, tragándose su orgullo—. No puedo desaparecer de la nada, mi esposo preguntará por mí cuando no me vea en casa.

—¿Qué le digo? ¿Le miento? Si indaga un poco, descubrirá que le estoy mintiendo. Tienen tanta prisa por irse... ¿están huyendo de algo?

—No preguntes lo que no te importa —replicó el hombre con frialdad—. Vas a llevarnos a donde te digamos. Si no, Ulises se encargará de ti, y ya sabes cómo se las gasta.

Jimena se quedó callada.

Estaba claro que esos tipos se habían metido en un problema enorme y necesitaban escapar de Nuevo Horizonte sin ser detectados.

¡Ulises la había mandado directo al matadero!

¡Era un maldito monstruo!

Lo maldijo un millón de veces en su mente.

Ulises había arrastrado por el fango todo el orgullo que ella había cultivado durante casi treinta años de vida.

Tras conducir unos quince kilómetros, Jimena divisó a lo lejos varios vehículos policiales. Un grupo de uniformados estaba deteniendo e inspeccionando los autos que pasaban.

¿Eran agentes de tránsito?

¿Qué hacían revisando autos en un lugar como ese?

¿O buscaban fugitivos?

Cuando pasó por ahí de ida, no vio a ni un solo oficial, y ahora estaba repleto. Por muy estúpida que fuera, ató cabos: esos cuatro tipos eran criminales en fuga.

¿Qué atrocidad habrían cometido para movilizar un operativo así?

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