Jimena se bajó refunfuñando, obligada por la firme exigencia del policía. Sin embargo, apenas pisó el asfalto, varios oficiales abrieron violentamente las puertas de su vehículo. Los hombres de negro, al verse descubiertos, reaccionaron e intentaron defenderse, pero el espacio reducido del auto les jugó en contra, dificultando también el trabajo de la policía.
Tras derribar a tres agentes, los cuatro sujetos saltaron del auto y echaron a correr a toda velocidad.
Los demás policías salieron a perseguirlos de inmediato.
Jimena quedó petrificada.
En ese instante comprendió todo: el policía le había ordenado salir para evitar que los delincuentes la tomaran como rehén.
¡Le había salvado la vida!
Al darse cuenta, Jimena fingió una expresión de profundo terror y le dijo al agente:
—Oficial, gracias por decirme que saliera. ¡Qué susto me di! No tenía idea de que eran criminales.
El policía la observó con una mirada inescrutable y le ordenó, sin dar más explicaciones, que se hiciera a un lado.
—Oficial, ¿puedo retirarme? Tengo mucho miedo. No quiero estorbarles en su operativo, pero si me quedo aquí y esos tipos regresan para usarme de escudo, ¿qué haré?
Un escuadrón completo iba tras los secuestradores; era imposible que escaparan, y mucho menos que dieran la vuelta para secuestrar a Jimena.
—Señora Jimena, usted vendrá con nosotros a la delegación —dijo el agente.
Jimena palideció.
—¿Qué quiere decir? ¿Cree que estoy aliada con ellos?
—Cualquier duda que tenga, la resolveremos en la delegación. Está bajo investigación.
A lo lejos, el aullido de las sirenas anunciaba la llegada de más patrullas, convocadas como refuerzo al detectar a los fugitivos.
Los cuatro secuestradores eran expertos combatientes y sumamente sanguinarios, peleaban a muerte para escapar; no iban a dejarse atrapar tan fácil.
El bosque estaba a los lados, si lograban dispersarse y meterse en la maleza, la operación se volvería una pesadilla.
La policía había instalado ese retén justo en el único tramo de carretera despejado, para evitar que huyeran hacia la espesura.
Pero ahora los fugitivos corrían en dirección contraria; si avanzaban unos cuantos kilómetros más, llegarían al denso bosque de las montañas y desaparecerían.
Los agentes actuaron de inmediato, pidiendo a todas las unidades de los sectores aledaños que acudieran a cercar la zona.
Mientras tanto, dieron la orden de llevar a Jimena a la delegación para someterla a un interrogatorio profundo.

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