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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 294

Isabela nunca había estado en las otras villas de Elías, pero él tenía un enorme pent-house en la mejor zona del centro. En su vida pasada, ella solo había ido dos veces, pero nunca se quedó a dormir. Ese era el espacio privado de Elías, y no le permitió mudarse allí. El estilo de decoración era el mismo, por lo que supuso que todas sus casas estaban decoradas al gusto de Jimena.

—Por ahora no me voy a mudar ahí. Estaba pensando en rentarla, así al menos gano algo de dinero al mes, mejor que tenerla vacía.

Elías frunció el ceño.

—Es una casa que te regalé, ¿y la vas a rentar? ¿Acaso te hacen falta esos diez o veinte mil pesos de renta?

—Si rento la villa, podría sacar al menos unos miles de pesos al mes, o incluso decenas de miles. Al año es una buena cantidad, y la verdad es que sí me hace falta ese dinero.

Sus series se producían una tras otra, pero ninguna se había estrenado aún. Aunque la primera saldría este fin de semana, no sabía cómo le iría. Como exigía una producción de alta calidad, el costo de cada serie era alto. Además, tenía que pagar los salarios de los editores y guionistas del estudio, la renta de la oficina... cada día que pasaba era un gasto. Aún no tenía ingresos, y el dinero que tenía no le duraría mucho.

Por suerte, con la inversión de Melina y Carolina, podía seguir adelante por ahora, sin preocuparse por el financiamiento a corto plazo. Pero, ¿a quién le sobra el dinero? A ella, desde luego, no.

—Vamos para allá ahora. Pasemos la noche ahí, tengamos un tiempo para nosotros dos.

Al final, Elías añadió:

—Sé que estás de mal humor. Hoy no haré nada más que estar contigo.

«Vaya, qué bueno soy, una excepción entre los hombres».

—Además, hace mucho que no pruebo tu comida. Antes me traías el desayuno y postres todos los días. Después de casarnos, casi no lo haces. La última vez fue cuando me emborraché, esa vez que me regañaste.

—Al día siguiente, me fui a la oficina sin desayunar. Antes, ya me habrías llevado el desayuno, pero ese día esperé y esperé, y nunca llegaste con mi desayuno.

Elías comentó:

—Isabela, no reacciones de forma tan agresiva. Siento que te estás volviendo un poco extremista.

—Es la verdad. El matrimonio es una relación de iguales, ¿por qué la mujer tiene que cocinar a la fuerza? Elías, deberías practicar tus habilidades en la cocina. Especialmente, deberías aprender a hacer las costillas en salsa de tamarindo. Así, la próxima vez que a tu amada se le antojen, podrás preparárselas tú mismo.

—Isabela, ¿podemos no hablar de otras personas ahora mismo?

—¿Qué? ¿Ya no te gusta hablar de ella? ¿Se te acabó el amor? Hace un momento te estaba elogiando por tu lealtad. No me hagas quedar mal tan rápido.

Elías no supo qué decir. Ya no podía afirmar sin dudar, como antes, que amaría a Jimena para siempre.

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