—Atrae a muchísimos turistas cada año, siempre está lleno. Te llevaré ahí para rezar y pedir unas protecciones para tu seguridad.
Isabela sonrió:
—Muchas gracias, señora, pero no es necesario. Fue solo un accidente.
—Ustedes los jóvenes nunca creen en estas cosas. De todos modos, iré a buscarte unos amuletos.
Como la señora Torres no logró convencer a Isabela de ir a la capilla a rezar, decidió ir ella misma a conseguir las protecciones.
—Gracias, señora.
Isabela no rechazó el gesto de la señora Torres. No es que no creyera en esas cosas, simplemente pensaba que los accidentes pasan y que la vida no siempre puede ser color de rosa.
—Mamá, ¿qué haces aquí hoy?
Al ver que su amiga estaba bien y sin heridas, Mónica tuvo ánimos para preguntar el motivo de la visita de su madre.
—¿Acaso no puedo venir? Hace mucho que no vas a la casa. Sé que tienes mucho trabajo, así que vine a verte.
La señora Torres se quejó de que, desde que su hija tenía su propio departamento, rara vez la visitaban.
—También quería preguntarte, ¿cuándo vamos a formalizar con Adrián? Ya han ido a fiestas juntos, lo conozco y hasta ha visitado la empresa de la familia.
Lo habían visto en videollamada y en persona.
Toda la familia López estaba encantada con Adrián Delgado. Y no era solo por el dinero o el apellido, sino porque el muchacho era realmente bueno y se desvivía por Mónica.
La señora Torres, al ver a su yerno, estaba cada vez más satisfecha. Si por ella fuera, que se casaran ahorita mismo; le daba miedo que, si se tardaban, alguna otra muchacha se lo fuera a ganar.
Había investigado un poco y sabía que varias niñas de sociedad andaban tras los huesos de Adrián. Aunque él las había rechazado varias veces y ellas, por orgullo, dejaban de insistir, el riesgo existía.

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