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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 858

Mónica respondió divertida:

—Mamá, ni Adrián ni yo tenemos prisa, ¿por qué te angustias tanto? Ni que la gente fuera a pensar que tu hija se quedó para vestir santos.

—Ya casi le pegas a los treinta y sigues soltera, ¿cómo no me voy a preocupar? Cada que veo a los parientes, lo primero que preguntan es para cuándo el bodorrio.

Mónica replicó:

—Eso es porque son unos metiches. En sus casas también tienen hijos solterones, ¿por qué me preguntan a mí? Si me caso o no, no es como si ellos me mantuvieran.

Hoy en día, muchos jóvenes no querían casarse; en muchas familias había "quedados". Mónica, con sus veintitantos, todavía se consideraba joven. Sus primas, que ya pasaban de los treinta, seguían solteras.

—No sigas el ejemplo de tus primas. Ahorita andan muy despreocupadas, pero luego se van a arrepentir. Ellas no se han topado con un hombre como Adrián.

—Adrián es tan buen partido que hasta tus primas dicen que vale la pena casarse con él. Yo creo que no es que no quieran casarse, es que quieren a alguien como él.

La señora Torres murmuraba, temerosa de que alguna pariente le robara el buen destino a su hija.

—Adrián y yo somos novios. Cuando la relación madure, nos casaremos. No tienes que preocuparte de que alguien te robe al yerno.

Mónica consideraba que lo suyo con Adrián ya era un noviazgo formal. No necesitaban hablar de amor a cada rato; la relación fluía naturalmente.

—Si alguien más se lo puede llevar, significa que no me quiere de verdad. Y si eso pasa antes de la boda, pues qué bueno, me libro de un problema.

Isabela comentó:

—Mónica tiene razón, quédese tranquila. La familia Delgado tiene principios, Adrián no es de los que juegan con las mujeres.

La señora Torres refutó:

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