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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 107

Capítulo 107 Al final, Adrián acompañó al doctor Fuentes a la salida.

Para cuando regresó de despedirlo, ya había oscurecido. Olivia y él se quedaron a dormir en casa de la abuela.

Era la primera vez en cinco años que Adrián pasaba la noche en casa de Mercedes. Dormirían en la antigua habitación de la infancia de Olivia, donde solo había una cama individual.

De hecho, la casa tenía más de una recámara; también estaba el cuarto que alguna vez ocuparon los padres y el hermano menor de Olivia.

Miró la cama estrecha y le sugirió: —Mi cuarto es demasiado pequeño, puedes ir a...

—¿Tú qué crees?

La interrumpió antes de que pudiera terminar de hablar.

Olivia guardó silencio.

Él era un maniático de la limpieza. Claro, tal vez esa manía tenía un doble rasero. Además, no soportaba a los padres ni al hermano de ella.

Olivia se rindió. Que fuera lo que tuviera que ser, que durmiera como quisiera; de todos modos, ella se acostaría primero.

Adrián se sentó en el borde de la cama.

—Señora Vargas, ¿exactamente cuántas cosas me estás ocultando?

Cada vez que la llamaba así, era señal de que estaba en plan sarcástico y sin ninguna intención de hablar civilizadamente.

Olivia empezó a contar mentalmente. Parecía que le ocultaba bastantes cosas, pero no tenía idea de a cuál de todas se refería.

—¿Cómo conociste a ese doctor? ¿Tienes que recibir acupuntura todos los días y ni siquiera me lo dices?

Ella no respondió.

—Acabo de hablar con él. Tu pierna necesita masajes diarios. Si no me lo dices a mí, ni se lo dices a la abuela, ¿quién te los va a dar?

Sus reproches no se detenían.

Sin embargo, ella suspiró aliviada en su interior. "Ah, ¿ entonces no se refiere a lo de estudiar en el extranjero?" En realidad, incluso si él se enteraba de sus planes, no importaba mucho, tarde o temprano lo sabría. Solo tenía miedo de que hubiera contratiempos. ¿Qué pasaría si intentaba arruinarle las cosas?

—¿Ahora resulta que no me vas a contestar nada de lo que te pregunte? —insistió él.

Lo que él ignoraba era que ese rechazo le dolía mucho más; era como si el auto le pasara por encima otra vez, destrozándole el alma de puro dolor.

Habían pasado cinco años y sus heridas ya habían cicatrizado. No quería, ni estaba dispuesta a abrir viejas heridas, para recordar ese dolor que tanto le había costado enterrar.

—El doctor dice que todavía hay un poco de esperanza. Vamos a intentarlo de nuevo, ¿sí? —dijo él, sujetándola del tobillo.

Intentó encoger la pierna, pero él la sostuvo con firmeza.

—Aunque sea para no desperdiciar el esfuerzo del doctor Fuentes, que vino hasta la casa a darte las sesiones de acupuntura, hay que intentarlo una vez más, ¿te parece?

Volvió a subirle el pantalón a la fuerza y apoyó los dedos empapados en aceite sobre su pierna.

Olivia giró la cara hacia otro lado.

Esta vez, era ella quien no quería ver.

No quería ver su expresión de disgusto, ni notar cómo apartaba la mirada.

"Si no lo veo, tal vez no me dolerá".

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