Capítulo 115 —¡Olivia! —la interrumpió Adrián, con la mirada de angustia— ¿Puedes dejar de hacer esto? Pau solo quería asustarte un poco. Es alguien que antes hasta dejaba que las hormigas cruzaran la calle primero, ¿ cómo se te ocurre que intentaría matarte?
Ella ya no tenía ganas de seguir discutiendo. Una de las cosas más difíciles en este mundo era intentar convencer a alguien.
—Adrián —dijo ella—. Ya sé que, sin importar lo que diga, no voy a hacer que cambies de opinión. Así como tú tampoco vas a hacerme cambiar a mí. Así que no pierdas más tu tiempo conmigo y ve a hablar con la policía.
—¡Olivia! —Adrián arrugó la frente—. Dime qué tengo que hacer para que retires la denuncia. ¡Dímelo!
—Pues te lo dejo muy claro, Adrián, no la voy a retirar.
—De acuerdo... —Él la miró y asintió, con decepción—.
Está bien... Por fin me doy cuenta de cómo eres en realidad. Nunca imaginé que los celos pudieran volver tan ruin a alguien.
—¿Ruin? —Olivia quedó boquiabierta. Cuando alguien se cegaba por otra persona, ¿perdía la noción del bien y del mal?—. Adrián, ¿de quién estás hablando? De Paulina, ¿verdad?
Por más que lo pensaba, no lograba entender por qué ella resultaba ser la mala del cuento en lo del incendio de la sala de juntas.
—Como quieras —atajó él—. Quédate aferrada a tu puesto de señora Vargas por el resto de tu vida si eso quieres. Yo voy a sacar a Pau de esto cueste lo que cueste.
Olivia se quedó pasmada.
—¿Es que no...? —Quiso gritarle: "¿No te das cuenta? i Yo no quiero ser la señora Vargas, lo que quiero es mi libertad!" Pero no alcanzó a terminar de hablar, porque él dio media vuelta y se fue furioso.
Olivia se dejó caer en la silla. Curiosamente, sentía que aquella pelea le había devuelto un poco las energías.
Cuando se preparaba para levantarse, cambiarse de ropa e irse a casa, Adrián irrumpió de nuevo en la habitación.
—¿Qué sigues haciendo aquí? ¡Vamos!
—Ah, por cierto, ¿pueden mandar mis medicinas a tu oficina? De todos modos, ya dejaste la dirección y tu número de teléfono. Pero no te preocupes, si tú me las traes a casa, te prometo que me las tomaré a mis horas sin que tengas que vigilarme. —La ligera sonrisa de Olivia era sarcástica.
Adrián al fin perdió la paciencia.
—¿Qué me quieres decir con todo esto? ¿Nos viste?
Olivia solo sonrió sin decir una palabra.
—Me viste, ¿y en lugar de acercarte te quedaste espiando? ¿En serio eres tan calculadora? —Su tono pasó de la confusión al reclamo, y luego se rio con sarcasmo—. Con razón Pau no puede competir contigo.
A Olivia le dio gracia. ¿Ahora resultaba que ella era la calculadora?
—Ay, Adrián —dijo entre risas—. Si a fuerza quieres creer que soy calculadora, al menos deberías agradecer que lo fui por tu bien. Si ya tenías a una" esposa" a tu lado en ese momento, ¿cómo ibas a quedar si yo aparecía de la nada?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...