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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 114

Capítulo 114 El bolso de Olivia estaba en el casillero. Ni siquiera se había enterado de si Adrián había vuelto a llamar, pero, aunque lo supiera, tampoco le habría contestado.

Él se veía bastante alterado.

Lo conocía desde que tenían quince años, y solo había una cosa capaz de sacarlo de sus casillas.

Incluso cuando su familia le arrojó el dinero a la cara y él cortó lazos con ellos, se mantuvo tranquilo; incluso cuando su abuela falleció y la tristeza le caló hasta los huesos, se limitó a decirle con tranquilidad que ella se había ido.

Solo Paulina.

Solo ella lograba que perdiera el control y que el mundo se le viniera encima.

Cuando Paulina se fue hace cinco años, él quedó destrozado y se ahogaba en alcohol todos los días.

Ese día, cinco años después, bastó con que la policía buscara a Paulina para que volviera a mostrar esa misma furia destructiva.

Olivia, sentada en el suelo, lo observó acercarse en silencio.

Él la agarró y la arrojó sobre una silla.

El golpe de su espalda contra el respaldo la hizo temblar de dolor, pero se mordió el labio y lo soportó sin quejarse.

—¿Por qué no contestas el celular? La policía vino a investigar el incendio, ¿te enteraste? —gritó, furioso.

Mantuvo la mirada al frente. Lo único que alcanzaba a ver era su cintura y el cinturón de edición limitada que llevaba puesto; ella misma se lo había escogido con mucho cuidado porque combinaba perfecto con todos sus pantalones.

Sin apartar la mirada del logotipo de la hebilla, respondió con tranquilidad: —Claro que lo sé. Yo hice la denuncia, ¿cómo no iba a enterarme?

—Tú... —Adrián estaba furioso. La señaló con un dedo tembloroso—. ¿Por qué fuiste a la policía? Pau ya dijo que se equivocó. Nosotros estamos dispuestos a compensarte, te daremos lo que pidas. ¿Por qué tenías que denunciar?

—¿Nosotros? —Olivia se rio— ¿A qué te refieres con " nosotros"?

Bajo las luces brillantes de la sala de rehabilitación, un destello asomó en sus ojos.

Se agachó frente a ella.

—Olivia, no quise decir eso. Tienes que creerme... si hay alguien en este mundo que desea que estés bien, soy yo.

Olivia guardó silencio. Sentía un dolor intenso.

Sí, él quería verla bien. Solo así su conciencia lo dejaría en paz y podría ser libre. Años atrás, si ella no hubiera salido lastimada tras salvarlo, este matrimonio jamás habría existido.

Pero Adrián no se daba cuenta de que también era la persona que más daño podía hacerle en todo el mundo.

Los ojos le ardían a Olivia. Volteó la cara y le respondió con voz rígida: —¿Y qué significa estar bien para ti? ¿Morirme en la sala de juntas de tu empresa o en el desagüe de nuestra casa?

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