Capítulo 138 —¡No te puedes ir! —Paulina corrió hacia la entrada y le cerró el paso.
Olivia se detuvo y la miró con indiferencia.
Paulina tenía los ojos enrojecidos por el enojo. La señaló.
—¿Te empeñas en destruirme porque crees que si me metes a la cárcel, Adrián te va a amar?
Olivia solo sonrió un poco. No sentía ninguna necesidad de darle explicaciones.
—¿Te da risa? ¿Te sientes muy orgullosa, no? Pues te aviso de una vez, aunque termine en prisión, Adrián no se va a olvidar de mí. ¡Solo va a terminar odiándote más!
Olivia observó a Paulina, que apretaba los dientes por el coraje, y repitió esas palabras en su mente. Se dio cuenta de que, de hecho, ya no le afectaban. Si Adrián la amaba o la odiaba, o de quién estaba enamorado y a quién no podía olvidar, en serio, ya no le importaba nada.
Por eso, volvió a sonreír. Estaba satisfecha con su propio avance.
Pero al verla, Paulina se enfureció todavía más.
—¿Tienes idea de cuánto me ama? Fui yo la que lo dejó hace años. Lo mandé a volar por cinco años, y cuando regresé, seguía siendo el amor de su vida.
Fíjate en tu casa. La sala, el comedor, cada rincón está decorado exactamente como a mí me gusta.i Hasta la contraseña de la entrada es mi fecha de cumpleaños!
Olivia la miró sin inmutarse y asintió.
—Ah, ya. Lástima que las escrituras de la casa estén a mi nombre.
—Tú... —Paulina tomó aire, indignada—. ¿Sabías que, aunque pasaron cinco años, él todavía se acuerda de las cien cositas que me prometió? ¡Y hasta quiere acompañarme a hacer todo lo que dejamos pendiente! Se acuerda de mi comida favorita, de mi color preferido. Nunca se equivoca cuando me compra ropa o zapatos, y hasta cocina para mí. Si hoy se me antoja comer langosta fresca en la costa, i enseguida compra los boletos de avión para llevärme!
Olivia asintió ligeramente.

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